Mario Cueto | Opinión de Miércoles
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Desde hace algunas décadas, la sociedad civil ha dejado de lado la fortaleza y dinamicidad que caracterizaba a las organizaciones sociales y de base, probablemente debido a lo afrontado durante el periodo de la violencia y la dictadura fujimontesinista; que dejaron una secuela de temor y desarticulación de la mayoría de sindicatos, federaciones, etc., predominando, desde entonces, el conformismo, indiferencia, desconfianza y silencio; evidenciada, en la actualidad, en ausencia de liderazgo real y capacidad dirigencial, incluso a nivel universitario, incrementándose, finalmente, la desconfianza y apatía de los ciudadanos para integrarse a las organizaciones anotadas; dada la continuidad, durante el actual régimen, del ambiente de inseguridad y represión, como la vivida en diciembre del 2022 y primeros meses del 2023, así como las restricciones al ejercicio del periodismo.
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A su vez, los partidos políticos, constituidos, tradicionalmente, como organizaciones sólidas, con militancia activa, lineamientos políticos, ideológicos y doctrinarios definidos, defraudan desde hace décadas por su oportunismo, ambición de poder, involucramiento en corrupción, prostitución, actividades informales y mercantilización de la política, que generan rechazo de la población, de tal suerte que, pese a ser elegidos en elecciones democráticas, no cuentan con la legitimidad indispensable de la población, No olvidemos que los actuales congresistas, han ampliado las brechas entre los propios servidores públicos del país, cuando usufructúan y se auto benefician económicamente, en desmedro de la clase trabajadora.
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La carencia de honestidad, transparencia y coherencia de quienes son elegidos, hace que luego incurran en transfuguismo y traición a sus postulados, que no solo se da en el congreso, sino a nivel de gobernadores y alcaldes quienes, elegidos en determinada organización política nacional o regional, para mantenerse en el poder del que lucran, orientan su labor a buscar otras organizaciones políticas, que les permita nuevos éxitos en las próximas elecciones.
En medio de este panorama, en algunos colegios profesionales, que deben cautelar los principios deontológicos, éticos y morales de sus colegiados, se aprecia también el oportunismo, corrupción, carencia de transparencia y fiscalización al ejercicio profesional de sus integrantes, en salvaguarda de los intereses de la población, dejando de lado sus fines y objetivos e incurriendo en irregularidades en el manejo de recursos económicos; priorizando sus intenciones de continuar en el poder y control, creando condiciones adversas a la transparencia, como el que se vive en el Colegio de Ingenieros del Perú, cuyos comicios, a nivel nacional y en Ayacucho, fueron anulados, quedando esta institución descabezada perjudicando a los colegiados.



