La marcha convocada tras la “metida de pata” del presidente de la República ha tenido todas las tonalidades que hemos podido reconocer: un grupo de congresistas que se han declarado como aquellos sectores que buscan la renuncia del mandatario y que de hecho, no tienen nada que conversar o dialogar con él, todo lo contrario se han declarado como una fuerza beligerante contra la actual gestión del Poder Ejecutivo.
Este sector ha ido protagonizando durante los últimos años diversas acciones de actos políticos que contradicen al orden democrático; se han convertido en sujetos políticos venidos desde los inicios de las décadas del siglo pasado y ahora no necesariamente alzan la cruz bastica o se visten de camisetas negras: ahora toman el polo de la selección peruana y toman nombres marqueteros de series de ficción como “la resistencia” o “los patriotas”, entre otros.
El fujimorismo y todos sus lacayos demuestran eso, lo que siempre fueron desde el tiempo de casi los 10 años de gobierno del padre de la lideresa naranja. Son un sector que deja de lado todo proceso de institucionalidad democrática y por su propio sentido y conveniencia tratan de establecer mecanismos de acción sea desde lo político o usando al sector lumpen de la sociedad para arremeter contra fuerzas vivas reivindicativas de la sociedad.
La declaración del toque de queda a mostrado claramente los interesados con la renuncia del presidente de la República, se ha visto como los medios de información que tienen intereses ulteriores buscan denotar la información relevante a mostrar al primer mandatario como si fuera el total responsable de la problemática que existe.
Y lo que llama la atención es, y aunque suene racista, el color de la marcha convocada por los sectores fujimoristas. La forma “organizada” y como se constituye sus reclamos no tiene nada que ver con el interés general que es la baja de combustibles y precios. Allá aquellos que realmente no quieren ver la problemática en todo su esplendor y se dejan sorprender por los verdaderos artífices de su interés desestabilizador.
Nada va salvar al Perú salvo el diálogo, ese diálogo entre todos los sectores sociales y políticos que busquen realmente construir una gran nación bajo la línea de tener instituciones fuertes y que construyan espacios y mejores oportunidades para todos los peruanos.



