Mario Cueto | Opinión de Miércoles
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La imagen del país a nivel mundial es un desastre. Es una vergüenza, teniendo en cuenta que seis mandatarios que formaron parte de las planchas presidenciales, purgan condena o se hallan en prisión preventiva. Esta imagen de desprestigio, lo inició Alberto Fujimori, ya fallecido, seguido por Alejandro Toledo y Ollanta Humala, sumándose Pedro Castillo y Vizcarra, con prisiones preventivas, y PPK con prisión domiciliaria. Este panorama demuestra el alto grado de corrupción, reinante en las esferas del gobierno nacional, sin descartar a los gobernantes regionales y municipales.
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En medio de este torbellino que asiste a nuestros exmandatarios, con récord güines; las inoportunas y repudiables expresiones del izquierdista presidente de Colombia, no ameritó, de inmediato, ninguna reacción de la presidente, que se hallaba de viaje por Asia. En cualquier otro país e incluso en el nuestro, ante graves situaciones que ponían en riesgo la soberanía nacional e incluso la paz interna, los mandatarios retornaban de inmediato, pero doña Dina, prefirió concluir su periplo, por más exitoso sea, dejando en segundo plano, la defensa de nuestra soberanía. Es el nivel de identidad con la Patria.
Los pobladores de Santa Rosa, gracias a Petro, recién pueden recibir a autoridades, ministros y funcionarios del Estado, que han tomado conocimiento de la existencia de ese pueblo limítrofe. Pero los que conocemos la realidad del país, sin ser gobernantes, sabemos que existen cientos de pueblos olvidados y abandonados por el Estado, que sobreviven en medio de la pobreza y miseria que, al igual que Santa Rosa, no cuentan con adecuada infraestructura de atención mínima para la salud y la educación. Santa Rosa es el rostro del pueblo olvidado en cada uno de los rincones del país y es el testimonio de la dejadez, apatía e indiferencia de los gobernantes de los diferentes niveles de gestión, que ahora muestran su espíritu patriótico, que linda en hipocresía y patrioterismo; pues la soberanía no debe entenderse solamente como una demarcación territorial, sino en su concepción integral, de connotaciones elevadas, al margen de una verdadera integración, vigencia de auténtico estado de derecho, con plena libertad y respeto de los derechos fundamentales que asiste a todo ser humano.
La vergüenza nacional, se enriquece con las decisiones mafiosas del congreso, que lejos de reivindicarse en el último año de gestión, opta por un cuadro directivo, que encarna el nivel que les asiste en la corrupción, encubrimiento y protección de quienes delinquen, dada la miseria política que representan, arrastrando, además, la vergüenza internacional la promulgación de la ley de amnistía; que se añade a la impunidad con que actúan quienes forman parte del gobierno central; pero los peruanos debemos estar convencidos de que quienes ostentan ahora los poderes fácticos, considerándose invencibles, deben ser derrotados e ilegitimados con el deprecio general, en las urnas el próximo año.



