En los más de quince años de experiencia de cumplir funciones en la gestión pública puedo asegurar que las decisiones sin sentido, sin criterio y disonante a la realidad donde cumplían funciones fue altamente influenciada por asesores advenedizos en la cosa pública.
Está realidad es peligrosa para todos, de esas decisiones depende la vida de más de treinta millones de personas, depende el futuro de muchas generaciones, depende el futuro de una nación que busca un rumbo sin brújula.
Una municipalidad Distrital por ejemplo, es el nivel de gobierno más cercano a la población, esto significa que la relación de un alcalde con su ciudadanía debe ser directa y horizontal, no es difícil definir estrategias de acercamiento y generación de espacios de diálogo y participación para que la ciudadanía presente sus demandas y sea atendida con la celeridad que requiere.
Depende mucho de la voluntad de un alcalde que tenga claro su rol como líder local, sin embargo, no es suficiente si su buena voluntad no se canaliza adecuadamente o es influenciado por asesores con intereses subterráneos, diferentes a los anhelos ciudadanos.
Esa nube negra, viene adherida al perfil de las autoridades que elegimos, en el caso de un proceso de elecciones. Por lo tanto, debemos ser más perspicaces al observar el entorno y las juntas de los futuros candidatos.
No dejaré de repetir que la responsabilidad es nuestra, ejercer nuestra ciudadanía es entender que tenemos un poder en la manos que cedemos por períodos de cuatro o cinco años a personas que dirigirán un barco que puede sucumbir en el intento de navegar a oscuras y sin brújula, en una cielo nublado y con una tripulación que no está preparada.
Exigir claridad en las propuestas y conocer los equipos que acompañen a los futuros líderes de nuestra sociedad, debe ser una exigencia constante que debemos imprimir en el futuro proceso electoral. No pequeños de ingenuidad o displicencia por el futuro de nuestro tierra, involucremos, Ayacucho lo necesita.



