Las actitudes del gobernador de Ayacucho, Wilfredo Oscorima, contra la movilización del Frente de Defensa del Pueblo de Ayacucho y la paralización en protesta por el estado de la carretera Ayacucho – Pisco, son un desatino de quien gobierna la región.
La muerte de 30 pasajeros en el último accidente se suma a los otros que han fallecido en accidentes de tránsito que han sucedido en lo que va del año, siendo uno de los factores el mal estado de la carretera, ya que obliga a los conductores a realizar maniobras que pueden ocasionar los despistes y, ocasionalmente, la caída a un abismo.
La revocatoria del gobernador regional, que está impulsando el Fredepa, termina siendo fortalecida, paradójicamente, con las actitudes y manifestaciones dadas por el titular de la región contra las organizaciones que impulsan ambas acciones. El gobernador y su asesor deberían ser más empáticos para relacionarse con los gremios de trabajadores.
¿Quién asesora al gobernador regional? Por los resultados, todo parece indicar que el círculo cercano al señor Oscorima lo que busca es que cada vez se encuentre más aislado, porque de otra manera no se entienden actos como los que comentamos.
Por otra parte, la protesta de los compañeros y amigos de las víctimas es a todas luces justificada, porque se trata de un proyecto de vida destruido, y no se trata de buscar culpables, sino de evitar que esto continúe. El propio Oscorima indicó que, si no se atendían las demandas de Ayacucho, él encabezaría una marcha de los 4 Suyos. ¿En qué quedó su promesa? Pues en nada.
Todo esto justifica que desde Ayacucho se desarrolle un movimiento para impedir que los accidentes de tránsito sean cotidianos. Las autoridades y empresarios, en lugar de oponerse a estas medidas, deberían respaldarlas.



