Nelson Pereyra | Larga duración
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En una reciente ceremonia oficial por el aniversario de la Dirección contra el Terrorismo (DIRCOTE), la presidenta Dina Boluarte se refirió a la época de la violencia política. Además de recordar el valioso trabajo de inteligencia de la DIRCOTE, que permitió la captura de la cúpula de Sendero Luminoso, postuló la necesidad de “traspasar la página” del conflicto armado interno. Sin embargo, advirtió sobre la vigencia de la ideología terrorista y su constante intento de infiltrarse en el Estado y en la sociedad.
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Las declaraciones de la mandataria contienen dos aspectos clave que vale la pena discutir. Por un lado, el olvido de los acontecimientos de la década de 1980 es una demanda de un amplio sector del Estado y de la opinión pública, no solo para evitar un sufrimiento innecesario, sino también para silenciar las graves denuncias de violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, el recuerdo de uno de los momentos más trágicos de nuestra historia contemporánea resulta imprescindible, pues estamos acostumbrados a olvidar nuestro pasado y, con ello, a repetir las tragedias. Para evitar esto, es fundamental erigir “lugares de memoria”, como monumentos, museos y la enseñanza de la historia peruana contemporánea en la Educación Básica Regular, de manera que estas iniciativas fomenten una reflexión profunda sobre el conflicto armado interno y aseguren que las nuevas generaciones, que no vivieron esos sucesos, mantengan vivo el recuerdo.
Por otro lado, la mención de la amenaza de la ideología senderista resurge en momentos de crisis y confrontación política, como el actual, con el fin de cerrar el debate político y silenciar las voces críticas hacia la autoridad de turno. Aun así, es pertinente preguntarse si una ideología radical, como la de Sendero Luminoso, sigue siendo viable en la actualidad, en un contexto de neoliberalismo y de reaparición de un pensamiento de derecha extrema.
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Como bien señala el antropólogo Jefrey Gamarra, en los años 70 la radicalización ideológica de un sector de la sociedad (profesores, estudiantes universitarios, líderes políticos y sindicales) formaba parte de un paradigma científico que proponía la transformación radical del orden social. Convertido en un precepto ideológico, movilizó a ciertos sectores de la sociedad, especialmente en una coyuntura marcada por la pobreza extrema, la culminación de una dictadura militar y el retorno a la democracia. Este precepto radical se transformó en un instrumento letal que contribuyó a la muerte y desaparición de más de 69,000 personas.
Cincuenta años después, el referente neoliberal del “emprendedurismo” y la búsqueda del éxito empresarial guían la conducta de gran parte de la población. En este contexto, parece poco probable que una ideología que promueve el cambio violento y radical tenga relevancia, especialmente cuando las personas están más interesadas en aprovechar oportunidades y hacer negocios. Así, la ideología senderista se presenta como anacrónica y desfasada.
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Lo que debe preocuparnos en la coyuntura actual es la radicalización del pensamiento de derecha, que representa el otro extremo del espectro ideológico. Este pensamiento promueve la cancelación de derechos civiles fundamentales, como la igualdad, la libertad de desplazamiento y la equidad de género. Tal postura, asumida por ciertos sectores sociales, ha logrado infiltrarse en diversas instancias del Estado y, en algunos casos, sustenta políticas públicas, como las disposiciones antimigratorias del actual gobierno de Estados Unidos. Aunque se trata de una ideología muy diferente a la de Sendero Luminoso, no deja de ser preocupante, pues puede generar graves conflictos sociales. Es esta nueva radicalidad la que debería inquietarnos como Estado y sociedad, ya que nos retrotrae a un orden premoderno, sin que esto implique olvidar el conflicto armado interno de los años 80. Debemos evitar caer en el error de transitar de un extremo a otro, pues los extremos siempre conducen a consecuencias nefastas, que luego resultan difíciles de superar.



