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Nueva izquierda: ruptura y continuidad | Opinión

Jesús Ospina | Símbolos y gestos
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Este sería un corolario de un análisis más ideológico sobre las recientes elecciones internas de delegados en la alianza “Venceremos” de izquierda. Ganó Ronald Atencio, marxista ortodoxo, y perdió Vicente Alanoca, representante de un socialismo heterodoxo. Ganó la teoría clásica haciendo política, y perdió lo nuevo en política, pero sin teoría. Venció la tendencia de prácticas tradicionales, y fue derrotada el movimiento sin una ideología ni soportes de lucha política.

El marxismo ortodoxo no ha debatido ni consensuado posiciones con el socialismo heterodoxo. El Mariátegui de “Defensa del marxismo”, no se ha unimismado al de “Ideología y Política”. La orientación estratégica, pensar el socialismo para los siguientes 50 años, tema neurálgico para Mariátegui, ha sido poco abordado por ambos sectores. Atrincherados en sus válidas visiones coyunturales, electorales y tácticas, no irrumpen en unir táctica y estrategia.

Vigencia de la estrategia mariateguista | Opinión

La división de Izquierda Unida-IU y la caída del muro de Berlín, fueron simultáneos, en enero y noviembre de 1989, respectivamente. La NI no se recuperó, ni alcanzó niveles electorales y públicos que logró en los años 80. Hasta 1989, sería la etapa ideológica con contradicciones, entre un marxismo ortodoxo, y la presencia superficial en la democracia liberal. No la tomó en su totalidad para conducirla hacia el socialismo. Socialismo y democracia liberal no se fundieron.

La división de IU fue la esperanza rota. El lema de su primer congreso (1989) fue: “HACIA LA DEMOCRACIA POPULAR Y EL SOCIALISMO PERUANOS”. Su objetivo: “realizar la revolución en el Perú, alcanzar la liberación nacional, establecer un Estado Democrático Popular que abra camino al socialismo”. Añade que “El Perú no ha vivido todavía una revolución que liquide la herencia colonial”. Se entiende que, para la NI, esa revolución faltante era la socialista.

Para IU “la contradicción principal” “es la que enfrenta los sectores democráticos, populares y nacionalistas con el imperialismo y sus aliados internos dentro y fuera del gobierno (aprista).” La estrategia fue “enfrentar la tradicional alianza de los gobiernos con el gran capital financiero-industrial interno y su subordinación al capital transnacional.” Era el antiimperialismo unido a la lucha democrática en camino al socialismo. Así la NI aseguraba la unidad del “pueblo peruano, incluyendo a los empresarios nacionalistas”.

Apostaba por el empresariado nacionalista, por lo cual podía haber asumido la tesis mariateguista de desarrollo de una revolución democrática burguesa. Pues también señalaba que, ante las desigualdades, el sistema capitalista “las acentúa, pues se sirvió de la atomización de los dominados y explotados para instaurar un capitalismo expoliador, parasitario y dependiente, que impuso el autoritarismo abierto aunque mediatizado por el racismo.”

Era un diagnóstico similar al de Mariátegui, pero su apuesta fue infantil o dogmática, “desarrollar un proyecto político socialista que elimine las bases de aquellas múltiples opresiones e impulse una nueva cultura a pesar del agotamiento del modelo de desarrollo capitalista.” Coherente con ese análisis, la NI debió plantear el desarrollo de una revolución democrática burguesa que permita el desarrollo de esos “empresarios nacionalistas”.

Era necesario superar la vigencia de un régimen oligárquico y gamonal que impedía el surgimiento de una burguesía, como decía Mariátegui. Faltó la tesis mariateguista, la transición al socialismo vía una revolución democrática burguesa. Esa tarea es imprescindible que la realice el socialismo, por no haber una fuerza burguesa, liberal, democrática, pues el liberalismo democrático ha perdido, hasta hoy, todas sus batallas ante el conservadurismo autoritario.

Ayer como hoy, perdió una fuerza que podía asumir tareas liberales desde el socialismo. Ganó Atencio, perdió Alanoca. Ganó el centralismo democrático versus la democracia representativa y participativa. Triunfó el infantilismo que no mira la realidad concreta para construir el socialismo. Perdió el marxismo heterodoxo ante el marxismo ortodoxo. Ganó la vieja guardia de la política que no escucha a las masas. Sin una ruptura ideológica, no habrá continuidad.

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