Jesús Ospina | Símbolos y gestos
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Decíamos que la Nueva Izquierda (NI), entre las décadas de 1960 y 1989 (año de la división de Izquierda Unida), buscó el advenimiento de una revolución socialista, entre dos enemigos, el capitalismo y el fanatismo maoísta de Sendero Luminoso. Ello quizá les impidió reconocer que las masas asumían la democracia liberal como una herramienta liberadora de patrones y prácticas oligárquicas, gamonales y serviles vigentes.
Tampoco se apreció que Mariátegui planteó en 1928, que el partido socialista debía desarrollar una revolución democrática burguesa. Así, el socialismo debía asumir esa tarea ante la ausencia de una burguesía que defienda los intereses nacionales. No era reformismo, sino trabajar por etapas dos revoluciones, la democrática liberal primero, y luego la socialista, tarea de décadas y siglos que nos trasciende.
La estrategia mariateguista, basada en el marxismo leninismo, ideología que él abrazó, era coherente con su trabajo en la opinión pública, vía la revista “Amauta”, para desarmar argumentos oligárquicos, capitalistas, conservadores, etc., y desnudar sus intenciones económicas, políticas, sociales, culturales para mantener un país de explotadores y explotados, de jerarquías, etc.
Además, de la promoción de reivindicaciones laborales, sociales, culturales, etc., de creación de sindicatos, federaciones, de incidencia a través del quincenario “Labor”. Todo para constituir lo que Gramsci denominó, el bloque nacional popular. Es decir, constituir al socialismo en la ideología, organización y programa hegemónico, que permita que la conciencia derrote al autoritarismo.
La batalla cultural democrática y la herida del terror | Opinión
La NI cayó en lo que Lenin llamó el “infantilismo”, es decir, ser “radicales”, y por tanto no querer alianzas con otros sectores, como liberales, pero a la vez carecer de una estrategia a largo plazo de acumulación de fuerzas asumiendo la democracia liberal como mecanismo liberador. Considerarse “revolucionarios”, pero simultáneamente sin poder delegado por las masas, ni aval de ellas para realizar transformaciones.
Así se priorizó, y algunos sectores aún lo hacen, la confrontación entre capitalismo y socialismo, entre revolucionarios y contra revolucionarios. Y cuyo método político de decisión no es un militante un voto, sino delegados esclarecidos que usan el Centralismo Democrático-CD. Sin reparar que el CD leninista, nació en una realidad opuesta a la peruana de fines del siglo XX y actual.
Nació en el Imperio Zarista, autocracia con poder absoluto del Zar, sin representación política, ni procesos eleccionarios, democráticos, participativos. La economía campesina era semi-feudal, con una industrialización incipiente y una creciente explotación obrera. Tras la crisis de la I guerra europea, el colapso económico y la represión, surgió el socialismo que necesitaba un instrumento para responder con eficacia al caos y la represión.
La monarquía caía y podía surgir el capitalismo o socialismo. El genio de Lenin, creó el CD, donde el partido bolchevique, concentró la deliberación de tácticas y estrategias en un núcleo dirigente, huyendo de la persecución y cárcel, y luego, todos ejecutaban las decisiones disciplinadamente. El CD era coherente y necesario en ese contexto de guerra y revolución de cambio de régimen, de lucha clases entre la monárquica y el proletariado y campesinado.
Allí era imposible la estrategia mariateguista de transformación a largo plazo, agitando conciencias (Mao dixit), y asumiendo la democracia liberal. A otra realidad, otra estrategia. En una realidad de desmontaje de la democracia liberal, Mariátegui diría ayer, y hoy la izquierda, hacer una revolución democrática, e impulsar la democracia participativa desde las bases con poder real en decisiones internas, un militante un voto.
El CD como mecanismo eleccionario del frente electoral Venceremos, responde a una concepción ideológica, representado por Ronald Atencio, que, según el liberal de derecha, Juan Carlos Tafur, puede dar una sorpresa. Pero no es coherente con las profundas aspiraciones democráticas de un pueblo que aún vive las secuelas de una cultura gamonal y oligárquica, y para quienes la orientación estratégica ideológica supondría asumir y desarrollar, desde el socialismo, como lo planteó Mariátegui, una revolución democrática.



