Este 1 de mayo se celebró el Día del Trabajador en todo el mundo, pero pocos saben la historia que dio origen a la conmemoración de este día, que se remonta a 1886, cuando una serie de masivas huelgas en reclamo de las jornadas laborales de ocho horas se hicieron sentir en todo el territorio de Estados Unidos.
Esas largas jornadas de luchas por mejores condiciones laborales quedaron grabadas a fuego por los mártires de Chicago, los ocho trabajadores que fueron condenados y ejecutados por protestar por sus derechos.
El 21 de junio de 1886 se inició la causa contra 31 acusados por las autoridades de participar en las manifestaciones y sus consecuencias. Ocho de ellos llegaron a juicio y fueron declarados culpables. Tres de ellos fueron condenados a prisión y cinco, a la horca.
Los héroes de Chicago
A prisión fueron condenados Samuel Fielden, pastor metodista y obrero textil; Oscar Neebe, vendedor; y Michael Schwab, tipógrafo. A la muerte en la horca, consumada el 11 de noviembre de 1887, fueron ejecutados Georg Engel, tipógrafo; los periodistas Adolf Fischer, Albert Parsons y August Vincent Theodore Spies, y Louis Lingg, carpintero que, para no ser ejecutado, se suicidó en su propia celda. Antes de morir, Spies gritó en inglés: “La voz que van a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora”.
Historia de la lucha por mejores condiciones laborales
A fines del siglo XIX, en la ciudad norteamericana de Chicago, una de las reivindicaciones básicas de los obreros era hacer valer la máxima: “Ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa”. Por esta lucha se produjeron varios movimientos; en 1879 se formó consenso para hacer escuchar el reclamo a la legislatura de Nueva York.
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