Los recientes resultados de la Evaluación de Logros de Aprendizaje (ELA) encendieron una alerta sobre el nivel de comprensión lectora de los estudiantes en Ayacucho. Según los datos citados por especialistas educativos, solo 34 de cada 100 estudiantes de cuarto grado de primaria comprenden adecuadamente lo que leen, mientras que en segundo grado de secundaria la cifra se reduce a 16 de cada 100 alumnos.
El panorama ha puesto nuevamente sobre la mesa la necesidad de fortalecer los hábitos de lectura desde la escuela y el hogar. Ante esta situación, diversas instituciones educativas vienen impulsando estrategias para acercar los libros a los estudiantes, entre ellas la implementación de bibliotecas dentro de las propias aulas.
César Galvez, responsable de Tarea en Ayacucho, señaló que los resultados evidencian la necesidad de reflexionar sobre las condiciones que influyen en la comprensión lectora y sobre las acciones que pueden emprender tanto docentes como familias para revertir esta situación.
Una de las iniciativas que gana terreno es la biblioteca de aula, un espacio que permite a los estudiantes acceder de manera inmediata a materiales de lectura acordes con su edad e intereses. A diferencia de las bibliotecas institucionales, donde el acceso suele estar sujeto a préstamos o procedimientos específicos, estos espacios buscan que los libros formen parte de la dinámica cotidiana de los escolares.
La propuesta se complementa con los llamados “rincones de lectura”, ambientes acondicionados dentro de las aulas para fomentar momentos de lectura voluntaria y recreativa. Según los especialistas, el objetivo es que los estudiantes desarrollen una relación más cercana con los libros y asocien la lectura con una actividad placentera, más allá de las obligaciones académicas.
El reto también involucra a las familias. Diversas experiencias educativas promueven la creación de pequeñas bibliotecas en los hogares, utilizando los materiales disponibles y destinando espacios adecuados para la lectura. La recomendación es dedicar diariamente entre 10 y 15 minutos a esta actividad en familia.
La preocupación por el hábito lector cobra relevancia en un contexto marcado por el uso intensivo de dispositivos digitales. Aunque actualmente existe una mayor disponibilidad de contenidos y libros en formato virtual, especialistas sostienen que el acceso a la información no necesariamente se traduce en mayores niveles de lectura o comprensión.
En ese sentido, destacan que el ejemplo de los adultos continúa siendo determinante. Docentes y padres de familia son considerados actores clave para promover una cultura lectora que trascienda las exigencias escolares y se convierta en una práctica cotidiana.
De cara a la próxima gestión de autoridades regionales y locales, representantes del sector educativo plantean la necesidad de impulsar políticas públicas orientadas al fortalecimiento de la lectura. Entre las propuestas figuran la implementación de bibliotecas de aula en todas las instituciones educativas, la organización de festivales de lectura y la creación de espacios públicos destinados a actividades lectoras.
Para los especialistas, mejorar los niveles de comprensión lectora no solo constituye un desafío educativo, sino también una condición fundamental para el desarrollo social y económico de la región y del país. La magnitud de los resultados conocidos este año refuerza la urgencia de adoptar medidas que permitan revertir una brecha que afecta a miles de estudiantes.
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