En apenas ocho años, Ayacucho pasó de tener una limitada oferta turística a consolidarse como un destino emergente en el mapa nacional e internacional.
El número de agencias de viaje y operadores turísticos se multiplicó por ocho, al pasar de cinco en 2017 a más de 40 en la actualidad, junto con una flota de vehículos turísticos en óptimas condiciones.
“Ahora tenemos un turismo que está emergiendo de una manera vertiginosa”, afirmó Luis Núñez Pillpe, representante del Patronato Pikimachay, quien atribuyó este crecimiento a la promoción internacional en ferias como Fitur (España) y a la consolidación de la marca Ayacucho como destino cultural y natural.
Los atractivos naturales se han convertido en la principal carta de presentación de la región. Espacios como las aguas turquesas de Millpu y la cascada de Ruqruqa encabezan el auge turístico gracias a la mejora en accesos, restaurantes y servicios. A ello se suman proyectos en marcha como el Mirador de Punkupata, promocionado como “el amanecer más bonito del mundo”, que se acondiciona con participación activa de la comunidad.
El turismo vivencial y la gastronomía se perfilan como ejes estratégicos de desarrollo. En este proceso, Ayacucho también refuerza su posicionamiento como Ciudad Creativa de la Unesco, distinción que permitirá difundir aún más su riqueza cultural, artística y gastronómica.
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