Isaac Bigio | Desde Londres, UK
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En el mundo hay mandatarios que se han ganado una particular fama con relación a lo que más les caracteriza. El primer ministro israelí “Bibi” Netanyahu ahora es requerido por la Corte Penal Internacional por su afición a las bombas y por usar estas indiscriminadamente.
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En cambio, la presidenta peruana, Dina Boluarte, cada vez más se gana la reputación de boba. Nadie le toma en serio cuando Dina ha acusado a los manifestantes que ella mismo asesinó de haberse matado a sí mismos para perjudicarla o de que los Rolex y joyas de su wayki fueron prestados. En jerga criolla se puede decir que su bobo (corazón) clama por los bobos (relojes) más lujosos y con ello ella acaba como una boba abobada de bobos.
Tanto Bibi como la Boba son altamente impopulares en casa. Ambos saben que si dejan el poder pueden ir a la cárcel. Para evitar caer, Bibi debe bombardear y bombardear: mientras más guerras hace menos posibilidades, cree él que haya para que le saquen del puesto.
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La Boba Boluarte debutó tirando bombas. Mientras Bibi ha matado a decenas de miles de palestinos que no son ciudadanos de su país, la Boba arrancó en su puesto matando decenas de sus paisanos, lo cual le ha producido una repulsa nacional. Si Bibi precisa seguir ensangrentando Gaza, Balearte ya no puede ser baleando.
Ambos mandatarios dependen de contar con una mayoría absoluta en sus respectivos congresos, en los cuales la ultraderecha tiene la iniciativa. La diferencia entre el parlamento israelí y el peruano es que el primero refleja en algo el sentir de sus votantes (y puede ser constantemente renovado), el peruano es ampliamente repudiado por su electorado.
En Israel puede haber elecciones, apenas se desplome la debilitada coalición mayoritaria parlamentaria. En Perú este congreso no quiere renovarse ni dejar que se renueva la presidencia, pese a que ambos tienen solo un 5% de aprobación.
Por el momento la Corte Penal Internacional solo pide arrestar a Bibi, pero es probable que le llegue el turno a la boba. Cuando la DBA ya no la necesite, nadie babeará una sola baba por el destino de la Boba.



