José Mallma | El diario de Polideo
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En la sociedad del conocimiento y la innovación, el desarrollo de nuevas tecnologías se ha convertido en una labor crucial de las empresas para adquirir ventaja competitiva y capacidad distintiva en el mercado.
Las empresas, las universidades y los institutos de investigación enfocan sus esfuerzos y recursos en investigar, desarrollar y validar nuevas invenciones, lo cual implica invertir tiempo y dinero para ser los primeros en presentar a la sociedad la innovación.
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Por ello, una pregunta recurrente es: ¿Cuándo se debe proteger la invención? ¿En qué etapa es más oportuno presentar la solicitud de patente para obtener la titularidad y evitar que otros investigadores o inventores tomen la delantera e impidan la recuperación de la inversión? Todos aconsejan: ni muy pronto ni muy tarde. Pero, ¿Cómo podemos identificar cuál es la oportunidad más adecuada para enfrentar esa incertidumbre?
Para ello, podemos recurrir a las TRLs (Technology Readiness Levels), o lo que es lo mismo: Niveles de Madurez de la Tecnología, una metodología que creó la NASA en la década de los 70 para mitigar los riesgos tecnológicos que enfrentaban los programas de esa agencia estatal en el contexto de la Guerra Fría y la carrera espacial.
El TRL es una escala compuesta por 9 niveles que se utilizan para evaluar los progresos de una tecnología en desarrollo. Esta escala permite observar los avances que va adquiriendo una nueva innovación tecnológica.
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Dicha escala puede aplicarse en la protección de patentes, dado que cuanto más se asciende en ella, mayor es el grado de desarrollo de la tecnología. Desde la escala inferior o nivel 1, donde solo existen principios básicos o quizá simplemente una idea, pasando por el nivel 2, donde ya encontramos el concepto inventivo inicial; en el nivel 3 se tiene una prueba de concepto; en el nivel 4 se ha validado la tecnología en un entorno de laboratorio; en tanto que en el nivel 5 se ha validado en un entorno simulado de la realidad. Mientras que en el nivel 6 se tiene un prototipo y se prueba su funcionamiento en un entorno similar al real; en el nivel 7 se realiza la prueba de funcionamiento en un entorno real; ya en el nivel 8 se ha probado y certificado su funcionamiento y está listo para su uso; y finalmente, en el nivel 9, la tecnología está lista para ser producida y salir al mercado.
Desde luego, pasar por cada uno de estos niveles demanda mucho tiempo dependiendo de la tecnología, además de grandes inversiones. Por ello, un inventor independiente, una universidad o un centro de investigación probablemente no podrán financiar la validación de su tecnología hasta alcanzar los niveles superiores, lo que hace aún más importante decidir en qué nivel se debe proteger la invención.
Para tomar esa decisión, deben considerarse algunas variables clave: 1) Proteger de forma integral la invención: Es decir, evitar dejar por fuera las reivindicaciones que le otorgan su novedad y nivel inventivo. Si se protege demasiado temprano, la invención puede sufrir modificaciones durante su desarrollo que no estarán protegidas por la patente. 2) Evitar el riesgo de que tecnologías similares en desarrollo sean protegidas antes: Por eso, la mejor opción suele ser proteger la invención entre los niveles 5 o 6 del TRL, aunque es posible hacerlo desde el nivel 2, pero con un alto riesgo para su titular.



