InicioCOLUMNISTASDemocracia liberal y marxismo socialista V: Socialismo público versus clandestino | Opinión

Democracia liberal y marxismo socialista V: Socialismo público versus clandestino | Opinión

Jesús Ospina | Símbolos y gestos
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La fundación del Partido Socialista por José Carlos Mariátegui en octubre de 1928 fue un parteaguas en la historia política peruana y de América Latina, por ser la materialización de una propuesta original y revolucionaria en su método: una práctica socialista pública, abierta y constitucional. Pero, este lúcido camino encontró pocos seguidores en las generaciones marxistas, quizá fue una divergencia de método, visión y carácter intelectual.

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Método heterodoxo: Conoce al enemigo

El núcleo del pensamiento mariateguista era su accionar heterodoxo, libre y totalizador. A diferencia de los marxistas dogmáticos que replicaban recetas europeas, Mariátegui comprendió que para transformar una realidad primero había que interpretarla en toda su complejidad. Su método era, en esencia, el de un estratega que, para ganar la guerra, primero debía conocer al enemigo tan bien como a uno mismo, como postulaba Sun Tzu.

No era capitulación ideológica o sumisión al adversario. Era una muestra de audacia intelectual: comprender los vacíos, los miedos, las potencialidades y los límites del “otro” —en especial del orden oligárquico, del Estado burgués y de la mentalidad colonial— para identificar sus límites, sus puntos de fractura y los espacios desde donde se podía operar el cambio. La revista Amauta fue un experimento primero y una plataforma socialista después.

Mariátegui no se encerró en la trinchera de su propia ideología; salió a mapear el campo de batalla completo. Y, su obra magna, 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, es el fundamento indispensable que precede y hace posible su propuesta política. La salida política, el trabajo del socialismo, que se desprende de 7 ensayos, fue la revolución democrática burguesa, ésta nació del diagnóstico, no de la imposición de un dogma.

Reglas del Juego: Revolucionario Constitucional

Quizás el aspecto más incomprendido de su propuesta fue su decisión de actuar en el terreno constitucional y público. Mariátegui, con aguda perspicacia, comprendió que la posición de la izquierda era débil y la de sus oponentes, fuerte. Por tanto, no podía darse el lujo de imponer las reglas; su astucia consistía en jugar y radicalizar las reglas existentes. Así, la democracia liberal burguesa, que la oligarquía pregonaba en sus discursos, pero violaba en la práctica, era vista por Mariátegui como un campo de batalla novedoso y revolucionario.

Al exigir el cumplimiento de los derechos liberales, libertad de prensa, asociación sindical, igualdad ante la ley, y otros, desenmascaraba las contradicciones del sistema y organizaba y educaba políticamente a las masas en un espacio de lucha legal. Era una estrategia de apropiación del sistema liberal para llevarlo hacia el socialismo, bajo la dirección del proletariado y el campesino, con aliados de sectores medios.

Dogmatismo, sectarismo, ortodoxia, caudillismo, secretismo

Esta herencia mariateguista heterodoxa, propia, pública, constitucional, fue abandonada por la Nueva Izquierda en los años 80 que abrazó variantes dogmáticas, ortodoxas del marxismo-leninismo-maoísmo-troskismo. La Nueva Izquierda privilegió lo clandestino, la conspiración, la confrontación. Presionada por la realidad se abría a la democracia, pero afirmaba la revolución socialista. Una figura paradigmática fue Javier Diez Canseco, líder con rasgos de caudillo, gran orador con escasa ideología propia surgida de la realidad y del sentir popular. Con poca comprensión totalizadora del oponente. Privilegió la confrontación y no la unidad. No organizó estrategias de largo aliento. Su lucha e integridad contra la corrupción fue quizá su mayor legado, pero su contribución a la división en la izquierda quizá su mayor error.

Lección Pendiente

La propuesta de Mariátegui de una praxis socialista pública, abierta y constitucional fracasó en ser adoptada no por ingenua o incorrecta, sino por sofisticada, espejo de la realidad y demandante para una izquierda tentada por los atajos dogmáticos y las ambiciones personalistas. Su propuesta exigía una combinación poco común de audacia intelectual, sagacidad política y paciencia estratégica. Aún estamos a tiempo de seguir su ejemplo.

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