Rudy Anyosa | Visión global
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El Perú es un país bendecido, lleno de riquezas naturales. Somos uno de los principales productores de cobre, plata y oro en el mundo, tenemos una selva amazónica inmensa y con mucho potencial de desarrollo, tierras fértiles en la costa y en los Andes, además de una cultura milenaria que nos enorgullece. Con tantos recursos, deberíamos ser un país próspero. Sin embargo, la realidad es otra: el 27,6 % de los peruanos vive en pobreza.
¿Cómo se explica que en un país tan rico haya tanta gente sin lo básico para vivir? La respuesta está en cómo se administran nuestros recursos. La economía crece, sí, pero apenas alrededor del 3 % del Producto Bruto Interno (PBI), un crecimiento mediocre que no se refleja en la vida de la mayoría de la población. Y lo más grave: lo poco que se gana no se reparte bien.
Las empresas que explotan nuestras minas y recursos muchas veces buscan pagar lo menos posible, y el Estado, en lugar de usar lo que recauda en beneficio de todos, termina despilfarrando en privilegios. Basta mirar al Congreso, donde el fin de semana se ha descubierto que los parlamentarios y trabajadores cuentan con seguros médicos privados carísimos, mientras millones de peruanos hacen largas colas en hospitales sin medicinas ni atención adecuada.
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Lo que falta en el Perú no son recursos, sino decencia y prioridades claras. Necesitamos que las empresas paguen los impuestos que les corresponden, que no haya excepciones ni evasiones, y que el Estado utilice ese dinero en lo verdaderamente urgente: salud, educación, empleo digno, agua potable y seguridad.
El Perú tiene todo para que nadie viva en pobreza. Lo que no tenemos, y lo necesitamos con urgencia, es una clase política que piense en el bien común antes que en sus intereses personales. No basta con crecer, hay que distribuir mejor y gobernar con ética. Si no cambiamos la forma en que se toman las decisiones, seguiremos siendo el país de siempre, un país rico con gente pobre. Tenemos todos los requisitos para crecer sobre el 5% del PBI, y, como un ex presidente dijo, estar en una situación de “no más pobres en un país rico”



