El árbitro del mercado

Para entender el mercado, imaginémonos un partido de futbol donde los contrincantes son los proveedores, el árbitro el Estado y el público los consumidores.

El público quiere ver un espectáculo honesto donde quien gana sea el mejor, el árbitro tiene que garantizar el juego limpio y que las reglas se cumplan en la cancha mientras que cada equipo tiene sus intereses propios y quiere ganar, algunos a cualquier costo.

Si todos se comportan conforme las normas de libre y leal competencia donde cada proveedor busca a atraer la preferencia de los consumidores mediante la calidad, idoneidad y precio de sus productos o servicios con información veraz, clara y detallada.

Y el Estado castiga de manera oportuna, ejemplar y razonable las infracciones de los competidores, tendremos una buena competencia donde los ganadores serán no solo el público consumidor sino los propios proveedores que tendrán éxito en base a su eficiencia y eficacia en el mercado.

Pero que pasa, cuando uno de los competidores corrompe el deber del árbitro y evita que cumpla con su labor, para que deje pasar las faltas y que sancione presuntas infracciones de los competidores, el resultado será un partido donde quien triunfa no lo hace en base a sus méritos, sino haciendo trampa, defraudando las expectativas de los consumidores.

En el Perú, el árbitro del mercado actúa de manera sectorial mediante los distintos organismos reguladores que cautelan un juego limpio en los servicios públicos y otros órganos estatales que supervisan sectores como la salud, la educación, los medicamentos entre otros.

Pero a la par encontramos al agente de la competencia o autoridad de consumo que es el Indecopi que supervisa a los proveedores de todos los mercados que no tienen órgano supervisor específico y no adolecen de fallas de mercado, donde es posible promover la competencia.

Sin embargo, muchos de estos organismos y sus órganos resolutivos han sido infiltrados de agentes de los proveedores, la denuncia sobre funcionarios que tienen vínculos con el sector privado es un secreto conocido a voces.

Y desde luego, cuando los consumidores cuestionamos como empresas reincidentes de conductas infractoras o coludidas con otros para afectar la libre competencia o distorsionar la leal competencia, salen bien librados de las denuncias en su contra, surge indicios de que algo no está funcionan bien dentro de los árbitros del mercado.

La concentración empresarial que genera monopolios, oligopolios y carteles que van a tratar de perpetuar su posición de dominio mediante mecanismos ilegales es otro resultado de la desidia y condescendencia de las autoridad de consumo y libre competencia.

Se habla entonces de una captura del regulador o el agente de la competencia cuando este no responde al interés general sino que salvaguarda intereses particulares de los participantes en el mercado.

Frente al poder económico es que es capaz de desnaturalizar el sistema de libre mercado. A los consumidores solo nos queda organizarnos y cohesionarnos en cuerpos colectivos para defender nuestros intereses y proteger nuestros derechos y exigiendo la autonomía de los organismos del Estado encargado de velar por el cumplimiento de las reglas de juego en el mercado.

Diario Jornada
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