MI ABUELITA
Mi abuelita era analfabeta,
no sabía ni la A ni la Z;
pero mi mamá y yo
le enseñamos y ella, con sus ojitos de cuy,
poco a poco aprendió;
y la oscuridad, quedó atrás.
Apareció su sonrisa de tuna fresca,
cuando exclamó: ¡ahora ya sé uyuyuy!
Antes, mi mamá y yo, veíamos
que no entendía las cartas de sus hijos
… y se ponía a llorar;
por eso decidimos mi mama y yo
enseñarle a leer y a escribir…
Ella, tejió mi chompa color vicuña
y no dejó de tejer lana de alpaca y de oveja
y un día, me dijo: “Nieta, toma para que te abrigues
y no se te enfríe… ¡ni una oreja!”.
Mi abuelita tiene la sabiduría inca,
no sabe cosas de la ciudad,
pero sabe de plantas medicinales
y como lograr, la auténtica felicidad.
Mi abuelita era analfabeta,
pero ahora ya no,
porque sabe, desde la A hasta la Z.
ESTOS NIÑOS MÍOS
Yo, críe un carnerito, piel de algodón;
yo creía ser su mamá y él: mi hijo adorado.
El carnerito creció y se volvió celoso,
cuando alguien se me acercaba,
él, con un cabezazo, lo empujaba…
También críe un chanchito gritón
a quien le daba la leche con biberón;
a él lo vestía con ropas de mi hermano
y se dormía, poniendo su trompa en mi mano.
También críe tiernos pollitos
eran laberintosos estos hijitos,
con su natural ¡pío, pío, pío!
pedían comida, estos niños míos.
Cada fiestas patrias o en las navidades,
mis padres decían que los llevaban de vacaciones;
y yo, en mi alma de niña, nunca entendí,
por qué no regresaban a casa, ¡estos niños míos!
MI MAMÁ ALEJANDRINA
Mi mamá siempre nos regañaba,
se enojaba, de noche o de día:
era un puma que rapidito se enfurecía.
Una tarde, sin permiso salimos de casa
y nos fuimos al parque de Carmen Alto,
mi hermana, jugando en la resbaladera
se lastimó la frente y sangrando quedó.
Nos asustamos y regresamos apuradas,
grande fue nuestra sorpresa
cuando la vimos parada en la puerta.
Esperábamos una andanada de gritos,
un río de resondrones como piedrones,
un torrente de vientos huracanados
en nuestros rostros de vizcachas traviesas,
cuando, mi mamá, preocupada, a mi tía llamó
y entre las dos, a mi hermana, la curaron…
Al rato, con un cariño que no conocíamos, nos abrazó.
Aquel día, con mi corazón de niña, pensé:
Las mamás, son pumas que se enfurecen;
pero también, son como los apus que nos protegen.
PAPÁ, USA BIEN LA MASCARILLA
Papa, usa bien la mascarilla
no protejas tu mentón,
y abre muy bien los ojos
como un sapito mirón.
Cuando vayas a trabajar
por favor, cuídate papá
por la calle aún se mueve
ese bichito, COVID 19.
Ah y siempre, usa alcohol
si no tienes agua con jabón
si haces cola mantente alejado
por favor, no andes confiado.
Papá: ¡usa bien la mascarilla!
no dejes tu nariz descubierta,
ese bichito puede exclamar:
¡Ahí tengo una puerta abierta!
Papa, usa bien la mascarilla
no protejas tu mentón,
y abre muy bien los ojos
¡como un sapito mirón!
¡NO SEAS OPA: USA BIEN LA MASCARILLA!



