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El Parque de Fabulinka 232

Edgard Bendezú | El Parque de Fabulinka
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Niñuchas: El próximo 6 de julio es el Día del Maestro. Hace tiempo me di cuenta que solo habían dos canciones para él: “Profesorita” (huayno) y “Maestro” (Vals). Yo me propuse componer más canciones y así lo hice. Ahora, pueden ver en mi canal FABULINKA TV: “Alma, vida y corazón de Maestro”, “Matador (Maestro soy), “Matador, yo te recuerdo”, “Coleguita”, “Cariño de Profesor”, “Mi buena maestra”, “Los cantos de mi Maestra”, “Las profesiones”, en ritmos variados. En un pueblo de la rivera del rio Tamaya, a 30 horas de Pucallpa, en mayo del 2006, escribí:

GRACIAS MAESTRO

Por enseñarme a sonreír. Porque no hay tiempo oscuro infinito, ni problema ni obstáculo tan grande donde no pueda hallar aunque sea un momento para el regocijo. Podré estar de noche; pero el sol del entusiasmo no se extinguirá dentro de mí.

Por enseñarme con el ejemplo. Porque las palabras dejan de ser viento, recién cuando las plasmo en acción; y si quiero que otros cambien debo cambiar yo primero; si quiero construir un edificio, debo ser yo quien ponga el primer ladrillo; si quiero que todos suban a una montaña, debo ser yo quien de el primer paso.

Por enseñarme a no burlarme ni a ofender al prójimo. Porque si hiciera eso, me faltaría el respeto a mí mismo, estaría mostrándome como un ser miserable; me rebajaría enviando una ofensa que otro recibiéndola.

Por enseñarme a calmar mi espíritu cuando alguien me induce a la violencia. Porque al que obra mal no debo tratarlo mal porque lo haría un peor ser humano; es mejor tratar de saber su interior, del porqué de su conducta.

Por enseñarme la humildad. Porque fue así como Jesús habló a sus discípulos y a quienes lo escuchaban; y así debe ser el corazón de todo aquel que se considere cristiano. La posesión de riquezas o el acceder a un alto cargo no debe llevarme jamás a la soberbia, ni a humillar ni a maltratar a otro.

Por enseñarme el arte del silencio como respuesta a un agravio. Porque mientras no se contesta, el agravio no nos toca; y en cambio, mostramos más grandeza que el agraviante.

Por enseñarme a respetar a la mujer. Porque ella es un pequeño y gran paraíso en la faz de la tierra; y debo tener la sapiencia de reconocer que en cada mujer existe algo de mi madre o de mi hermana; y no me agradaría que las traten mal.

Por enseñarme a usar mis talentos para el bien y no para envanecerme. Porque el don que poseo, debe llevar alegría a quienes padecen tristeza, calma a quienes estén en conflicto, motivar al impulso a quienes duden, generar reflexiones productivas y no banales.

Por enseñarme la solidaridad, a trabajar y compartir en equipo. Porque debo saber reconocer a un honorable líder y acompañarlo en su lucha; y no seguir a un hombre o mujer ruin que comete acciones impropias y ser su cómplice.

Por enseñarme a pedir disculpas. Porque nadie es perfecto y es humano cometer errores, torpezas y herir a nuestros semejantes; pero es digno pedir disculpas porque nos enaltece; y es de alelados nunca hacerlo porque nos envilece… ¡Gracias maestro!

¡FELIZ DÍA, MAESTR@S DE AYACUCHO Y DEL PERÚ!

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