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miércoles, julio 17, 2024
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EL PARQUE DE FABULINKA 274

Edgard Bendezú | El Parque de Fabulinka
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CAPERUCITA ROJA EN HUAMANGA

A la mañana siguiente, al despertar, Caperucita Roja, le dijo a su mamá: “¡Quiero aprender a tocar guitarra!”. “¿Quééé?, ¿cómo se te ocurre esto”, preguntó la mamá. “Es que cerca de aquí, a solo 5 cuadras vive un abuelito que me puede enseñar”. “Pero hija, ¿quién te va a acompañar?”, “Ay mamá, todo el tiempo no voy a estar acompañada, además, ya estoy tranquila, no pasa nada”, argumentó ella.

Dos días después, Caperucita, acompañada de su mamá y guitarra nueva en la espalda, tocaron la puerta: ¡Toc, toc, toc…! “¿Quién es?”, preguntó el abuelito Ranulfo. Y pasaron, conversaron y quedaron de que tres veces por semana, iría la niña a estudiar Canto y Guitarra.

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Y así pasaban los días tranquilos, hasta que un día Caperucita, se despidió de su mamá y de sus primas y se encaminó a casa del abuelito Ranulfo; pero minutos antes, el zorro majadero se adelantó y tocó la puerta ¡Toc, toc, toc…! “¿Quién es?, preguntó el abuelito Ranulfo. “Soy yo, maestro Ranulfo – imitó la voz de Caperucita- vengo a decirle rapidito que hoy no podré venir a mis clases de Canto y guitarra, hoy saldré de paseo a la pampa de la quinua con mis primuchas”. “Ya, está bien Caperu…”. Cuando abrió la puerta, ya la voz había desaparecido rápidamente.

El abuelito Ranulfo Fuentes, enterado por boca de su paisano, el escritor Marcial Molina, que dos colegas: Socracha Zuzunaga y “Fabulinka”, estaban de visita en Huamanga, inmediatamente se vistió y ansioso, exclamó: “¡Será motivo de ir a verlos!”.

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Esto fue aprovechado por el Zorro majadero, quien astutamente abrió la puerta con una ganzúa y entró. Ya dentro calculando la hora en que llegaría Caperucita Roja, abrió un ropero de madera y sacó las ropas del abuelito y se las puso. Un momento después, cansado de tanto afán, diciendo “Voy a echarme un ratito en la cama”, se quedó dormido…

Pronto, Caperucita Roja, tocó la puerta: “Toc, toc, toc…!” Y nadie contestó. Volvió a tocar con más fuerza: “¡Toc, toc, toc…! Y se abrió la puerta, que estaba junta nomás. “¿Qué raro?”, pensó Caperucita. Entró y se sorprendió no encontrar al maestro en la sala, se fue al dormitorio y entro en el instante que el Zorro se despertaba ataviado con el vestuario del compositor. “¿Por qué hoy estas en cama, maestro?, preguntó la niña sin saber quién tenía al frente. El Zorro, dijo imitando la voz del maestro Ranulfo: “Ehhh es que hoy niña, amanecí mal de la garganta y por eso me quedé en cama”. Pero por dentro, él pensaba “¡Que se acerque más y zuácate, la ataco!”. Caperucita, volvió a preguntar: “Maestro ¿y por qué hoy tienes las orejas grandes?”. “Ehhh niña, es que a todo músico a veces le crece grande para oír mejor”. “¿Y por qué hoy tienes la nariz roja como tomate?”. “Ehhh es que ya te dije que hoy amanecí mal con la gripe”. En ese momento Caperucita ya estaba más cerca, que es lo que quería el zorro para avanzar sobre ella, cuando se le dio por estornudar “¡Ach achh achisttt…!”. La niña se alejó para evitar las mucosidades de aquella nariz. Y volvió a preguntar: “¿Y por qué tienes hoy los ojos rojos rojos?”. “”¡Son consecuencia de la gripe, niña!, (niña preguntona caray, ya verás)”. “¿Y por qué tienes la boca tan grande?, ¡hoy parece que fueras hocicón!”. El Zorro, ya molesto de tantas preguntas, ansioso de vengar de una vez, a su primo, el Lobo Feroz; y el llamarlo hocicón, no resistió más y botando las ropas, se abalanzó sobre ella…

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Pero en ese instante, apareció Magno Sosa, el periodista ocioso, perdón, acucioso, que logró captar en video esos instantes únicos y dijo: “Heyy Zorro majadero, embustero, suelta a la niña, ya te tengo registrado en mi cámara de video, con esto tienes para varios años en la cárcel. El zorro mirando a uno y otro lado, sin saber qué hacer, solo atinó a balbucir: “Ehhhh…”. Y soltó a la niña, pero cuando quiso salir por la puerta, unos niños con garrotes lo amenazaban; entonces quiso salir por el techo y también niñas con garrotes, lo esperaban; quiso trepar la pared… pero cuando se dio cuenta, ya caían en él, cientos de niños y niñas, gritando como un coro de avispas furiosas… Rato después apareció la policía y se llevó al zorro ante la justicia. Luego apareció el maestro Ranulfo. Magno Sosa, le explicó lo que había pasado y los niños y niñas fueron acompañando a Caperucita Roja, a su casa.

Al día siguiente, los titulares de noticias nacionales e internacionales era: “Zorro ladino, por querer vengar la muerte del Lobo feroz, termina atrapado por niños”. “En Perú, Caperucita Roja, se salva, de las garras de un zorro andino”. Gracias a una ley que permitía castigar de inmediato, la famosa ley de flagrancia, sentenciaron al zorro a una larga condena y cuentan que por las noches, si escuchas unos largos quejidos, son del Zorro que vive encarcelado: “¡Mi primo el lobo terminó ahogado, yo terminaré encerrado ¡auuu…!”.

Y así termina este cuento, ubicado en Huamanga, Ayacucho, donde a Caperucita Roja… ¡la quieren mucho!

*Extraído del libro Cuentos Clásicos a lo Fabulinka.

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