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En un rincón del… rincón de los muertos | Opinión

Lalo Quiroz | El Partero
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A mi llegada a Huamanga, hace algo más de quince años atrás, uno de los rasgos de la cultura ayacuchana que más llamó mi atención y me generó mucho interés –sin lugar a dudas— fue la riqueza de sus distintas expresiones artísticas; y es, afortunadamente, cuando me desempeñaría como gestor cultural en el Centro Cultural de la UNSCH, que tendría la oportunidad de acercarme a esta variedad de manifestaciones artísticas y entablar diálogo con artistas, agrupaciones, colectivos e instituciones de arte. Es, en esa labor, que recibiría la invitación para dictar el curso de Gestión Cultural en un programa de actualización docente para la Escuela Superior de Formación Artística Pública “Felipe Guamán Poma de Ayala” de Ayacucho; tras esa experiencia, se me invitaría a ser parte de su plana docente para el dictado de distintas asignaturas teóricas como Crítica del Arte, Semiótica del Arte, Sociología del Arte, entre otras. Lo cual, aceptaría gustosamente. Hasta que, las ‘malas artes’ se apoderarían de dicha institución y quedaría excluido este año. Pero, esa es otra historia para otro artículo.

¡¡Eso es to… eso es to… e-e-e-eso es todo amigos!! | Opinión

Hace dos semanas se inauguraría –y aún está en cartelera— en la Galería Principal del Centro Cultural de la USNCH la segunda exposición individual de la joven artista Alhelí Fernández; quien fuese mi estudiante en la ESFAP “Felipe Guamán Poma de Ayala” y a quien tendría el agrado de hacerle la presentación en su catálogo. Sin ningún ánimo de realizar una crítica de arte sobre su exposición –porque, no es el propósito de este artículo—, sólo destacaría la maduración en su proceso creativo y reflexivo que observaría en su obra más reciente y que anoto en su presentación: «(…) es en su etapa de egresada, que lograría madurar su lenguaje visual y conceptual en una propuesta más consistente y coherente –y que, incluso, lo veríamos en sus obras últimas de carácter escultórico—. Y es, esa etapa, que me parece importante resaltar. En tanto, Alhelí no sólo pone a flote su sensibilidad social frente a un contexto histórico violento que tocaría de cerca a su región; sino, lograría que su obra se convierta en un testimonio crítico de una dura realidad que volvería a golpear a la misma». Del mismo modo, pero, en lamentable contraste, el viernes 05 último se inauguraría –también— en el Centro Cultural de la UNSCH la exposición de la promoción 2025 de la especialidad de pintura de la misma escuela de formación artística. Y digo lamentable, porque no sólo habrían sido relegados a un pequeño ambiente –literalmente, en un rincón— del centro cultural; sino que, la cantidad y la calidad de las propuestas dejarían mucho que desear. Y, una vez más, digo lamentable. Porque, al haber sido mis estudiantes, me resultaba penoso tener que constatar el triste resultado de un año protagonizado y dirigido por la mediocridad.

Y es que, este penoso resultado, no es un caso aislado; sino, es un meticuloso y esmerado progreso de la pauperización de la formación artística en dicha institución. Lo cual, no sólo se debería a la muy posible incompetencia de los docentes a cargo de la promoción de este año; sino, y sobre todo, al anquilosamiento –no sólo técnico, sino conceptual— en que se encontraría la institución desde hace varios años atrás. Y si bien, la responsabilidad de esta situación recaería directamente sobre su director Efraín Marcelino Taipe Carbajal –quien, y esto hay que repetirlo siempre, no tiene formación artística, ni trayectoria artística, ni experiencia en el campo del arte— y su plana directiva; quienes, además, llevarían cinco años consecutivos dirigiendo una institución en contraposición a su naturaleza y a las necesidades y exigencias del mercado del arte actual. Empero, y es necesario decirlo, la responsabilidad también recaería sobre los mismos estudiantes que habrían permitido que se pracarice su educación –esto último, en años anteriores, habría sido la causa de que algunos jóvenes sólo opten por retirarse y seguir su camino como autodidactas o migren a otras escuelas de arte—.

Hace algunos años, en una asamblea docente, Ladislao Parra –cineasta y el docente más antiguo de dicha institución— exclamaría con sorna una sentencia que hasta el día de hoy me retumbaría en los oídos: «Aquí, estamos estafando a los estudiantes». Y claro, siendo así, hay que maquillar esa estafa: convocar plazas docentes y colgar cuadros de méritos –que nadie cree—; publicar autorreconocimientos y felicitaciones en sus redes institucionales –que nadie lee—; realizar muestras en parques y plazas públicas, e inaugurar exposiciones en galerías –que nadie ve—; otorgar premios y distinciones –que nadie valora—; dar discursos solemnes en inauguraciones o clausuras –que nadie escucha y a nadie le interesa—. Sin duda, una gran labor cosmética. El reconocido filósofo francés Gilles Deleuze, el que introduciría el concepto de imagen-tiempo sobre el cine moderno, diría: «Plantea problemas en lugar de solo quejarte; plantear un problema no es solo describirlo, implica un acto creativo”.

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