Mario Cueto | Opinión de Miércoles
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Nos hallamos en el mes final del año, con muchas esperanzas y expectativas, análisis de la realidad y hasta frustraciones y desesperanzas e incertidumbre por lo que será el nuevo año. En todos los casos, se espera afrontemos con la necesaria claridad y fortaleza; teniendo en cuenta que diciembre es especial, por el aniversario de la gloriosa Batalla en la Pampa de Ayacucho, que nos legara la libertad, diríamos continental, pero también por la celebración de la Navidad, que debe constituir una ocasión para reflexionar y consolidar la unidad familiar, además del ambiente que se vive, en ocasión de los juegos bolivarianos especiales, pese a las nada adecuadas condiciones climáticas y deficiencias.
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A lo anterior, en el campo laboral, se añade la gratificación para los servidores públicos de 300 soles, ratificando la política de discriminación vigente en el país, donde los congresistas, que también son servidores públicos, reciben como gratificación un sueldo mensual, es decir, los supuestos padres de la patria, perciben este mes 46,700 soles, que corresponde a su sueldo (15,600); gratificación por navidad (15,600), función congresal (11,000), semana de representación (2,800) y, por añadidura, bono navideño (1,700), resultado de los privilegios que les asiste por propio acuerdo y decisión, frente a una creciente población con desempleo, pobreza y extrema pobreza y un palacio de gobierno, donde no se gasta 10 soles para preparar sopa, segundo y postrecito diario, sino que se invierte, en promedio, entre los meses de agosto a octubre, la suma de 4,793 soles diarios.
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Mientras tanto, en el campo del deporte, se desarrollan los juegos bolivarianos, congregando a cientos de deportistas de países bolivarianos e invitados, caracterizado por un nuevo ejemplo de improvisación por arte y costumbre de las autoridades y gobernantes, con entrega y recepción de obras inconclusas, siendo lo más grave y delicado, el incumplimiento de las normas referidas a las respectivas liquidaciones, como ocurre con todas las obras consideradas emblemáticas, que incluyen hospitales y locales escolares, como el Hospital Regional de Ayacucho, que adolece de deficiencias a pocos años de su funcionamiento; instituciones educativas como Mariscal Cáceres, Nuestra Señora de las Mercedes y el Archivo Regional, entre otras, para mencionar sólo los ubicados en nuestro entorno, ”inauguradas” incluso con presencia de portátiles, con responsabilidad no solamente de las entidades que dispusieron dichas ejecuciones, sino de las empresas contratistas, de los supervisores y de las comisiones receptoras, y con un silencio de complicidad por las instituciones profesionales, como el CIP-Ayacucho.
Los juegos bolivarianos, constituyen una ocasión para promover el turismo, vender la imagen de Ayacucho al mundo, pero dada la ignorancia y carencia de sentido común y criterio, de la municipalidad de Huamanga, la Plaza Mayor se constituye, nuevamente, en mercadillo, impidiendo se valore y aprecie su arquitectura y majestuosidad.



