Jesús Ospina | Símbolos y gestos
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Nunca antes en la historia de la Iglesia católica ha sido tan crucial que los clérigos, los consagrados, el Papa, cardenales, obispos, sacerdotes y religiosas y religiosos, estén cerca, unidos a los fieles, las comunidades, las parroquias. La alegría y esperanza que ha generado la elección del Papa León XIV en el 59% de los peruanos, según el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), solo será sostenible si la Iglesia logra consolidar un vínculo sólido entre sus pastores y su grey, siguiendo y profundizando el camino sinodal propuesto por el Papa Francisco.
El reto del nuevo pontífice es superar la dicotomía entre “progresistas” y “conservadores”, que para muchos analistas es la principal contradicción, como dice Juan de la Puente, pero que subsume otras grandes preocupaciones como el ser una iglesia para el mundo y en el mundo. De lo contrario, el discurso eclesial quedará vacío, sin la fuerza necesaria para enfrentar los desafíos del futuro, y podría revertirse los avances logrados.
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Reafirmar una doctrina e Iglesia que nació con la Rerum Novarum
El camino de esta nueva Iglesia comenzó con León XIII y su encíclica “Rerum Novarum” o “De las cosas nuevas” (1891), que marcó un hito al abordar la cuestión social desde la fe. Luego, el Concilio Vaticano II (1962-1965) y las Conferencias Episcopales Latinoamericanas —especialmente Medellín (1968) y Puebla (1979), que profundizaron el tema de cómo hablar de Dios en medio de la muerte injusta de los pobres, y se habló de la opción preferencial por los pobres.
Con el Papa Francisco, esta visión alcanzó un carácter universal, promoviendo una Iglesia “en salida”, cercana a las periferias existenciales, valorando la justicia social. Pero, este proceso de renovación no tendría futuro si no se concreta en una verdadera comunión entre clérigos y laicos. La estructura eclesial, aún muy clerical, mandona, mantiene una división jerárquica que, en muchos casos, relega a los laicos a un papel secundario, cuando en realidad son ellos el soporte y el sentido del Evangelio en el mundo contemporáneo.
Reto de León XIV: Una Iglesia sinodal
Para superar el clericalismo, considerado como el ejercicio abusivo del poder del consagrado, del elegido, sobre el seglar, el laico -que en algunos casos ha devenido en abusos sobre niños o mujeres- se debe volver al Evangelio como fundamento, a la reflexión sobre la práctica de Jesús sobre dogmas, creencias, teologías e incluso la doctrina social. Y para ello, el protagonismo de los laicos en la toma de decisiones es fundamental. Si el poder sigue rigiéndose por el clérigo, la iglesia no cambiará.
Una Iglesia sinodal, donde todos caminen juntos, plantea estructuras de poder más democráticas, que no debilita la autoridad del clérigo, sino lo enriquece con la experiencia de las familias, de la sociedad. Si el Evangelio es un patrimonio de los consagrados, la iglesia corre el riesgo que su mensaje pierda credibilidad. Las palabras sobre justicia, fraternidad y esperanza resonarán huecas si no se encarnan en una comunidad donde todos, sin excepción, sean escuchados, participen y tengan incidencia real.
León XIV tiene una tarea monumental, que la Iglesia hable de comunión y que la viva. Solo así podrá mantenerse como faro de esperanza en un mundo cada vez más fragmentado. La hora de los laicos ha llegado, y de su integración plena dependerá el futuro de una Iglesia verdaderamente sinodal y universal.



