El 10 de diciembre se recuerda los 73° aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos día en que, en 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH).
La Declaración Universal de Derechos Humanos es un documento histórico que proclama los derechos inalienables que corresponden a toda persona como ser humano, independientemente de su raza, color, religión, sexo, idioma, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Está disponible en más de 500 lenguas y es el documento que más se ha traducido en todo el mundo. Es base de todas las Constituciones Políticas de los países democráticos.
Todos los seres humanos, sea cual sea su cultura o pasado histórico, sufren cuando son intimidados, encarcelados o torturados. Por tanto, se insiste en un consenso global, no solo por la necesidad de respetar los derechos humanos en todo el mundo, sino también por la definición de esos derechos, porque es inherente en todos los seres humanos anhelar la libertad, igualdad y dignidad, sumándose a ello el derecho a un medio ambiente saludable para la vida en común.
En definitiva, ¿Dónde empiezan los derechos humanos universales? En pequeños lugares, cerca de casa; en lugares tan próximos y tan pequeños que no aparecen en ningún mapa. […] Si esos derechos no significan nada en estos lugares, tampoco significan nada en ninguna otra parte. Sin una acción ciudadana coordinada para defenderlos en nuestro entorno, nuestra voluntad de progreso en el resto del mundo será en vano.”
El tema del Día de los Derechos Humanos está relacionado con la “Igualdad” y el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.
Los principios de igualdad y de no discriminación son la esencia de los derechos humanos. La igualdad está alineada con la Agenda 2030 y con el enfoque de las Naciones Unidas tal como se define en el documento. Este enfoque incluye abordar y encontrar soluciones para formas arraigadas de discriminación que han afectado a las personas más vulnerables de nuestras sociedades.
La igualdad, la inclusión y la no discriminación, en otras palabras, un enfoque del desarrollo basado en los derechos humanos, es la mejor manera de reducir las desigualdades y reanuda la ruta hacia la consecución de la Agenda 2030, según la organización de las Naciones Unidas (ONU).
La pobreza en aumento, las desigualdades generalizadas y la discriminación estructural son violaciones de los derechos humanos y suponen uno de los mayores desafíos globales de nuestro tiempo.
Los derechos humanos, incluyendo los derechos económicos, sociales y culturales, así como el derecho al desarrollo y el derecho a un medioambiente seguro, limpio, saludable y sostenible, son básicos para construir una nueva economía basada en los derechos humanos que dé apoyo a sociedades mejores, más justas y más sostenibles para las generaciones presentes y futuras. Una economía con base en los derechos humanos debe ser la base de un nuevo contrato social.
En medio de la pandemia en la que aun vivimos la “generación COVID” corre el riesgo de ser víctima de los efectos perniciosos de la desigualdad y pobreza crecientes.
El Organismo Mundial considera como una injusticia en relación a las vacunas debido a la injusta distribución y el acaparamiento de las vacunas contraviene normas internacionales legales y de derechos humanos, así como el espíritu de la solidaridad global. El llamamiento a una agenda común y a un nuevo contrato social entre los Gobiernos y sus pueblos es lo que se necesita en estos momentos para poder reconstruir la confianza y asegurar una vida digna para todos.
La degradación medioambiental, que incluye el cambio climático, la contaminación y la pérdida de hábitats naturales afecta de forma desproporcionada a las personas, grupos y personas en situaciones vulnerables. Estas repercusiones agravan las desigualdades existentes y afectan de forma negativa a los derechos humanos de las generaciones presentes y futuras. En consonancia con el reconocimiento del derecho humano a un medioambiente limpio, sano y sostenible tal como establece el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, se deben emprender medidas urgentes para respetar, proteger y hacer realidad este derecho. Estas acciones deben formar la piedra angular de una nueva economía con base en los derechos humanos que pueda producir una recuperación ecológica de la COVID-19 así como una transición justa, en la que ya no esté presente el flagelo de la corrupción.



