Huamanga, antes de la instalación de agua potable en las casas de la ciudad, por la década de los cuarenta del siglo pasado, se proveían de las piletas públicas distribuidas estratégicamente en barrios y plazoletas urbanas, provenientes de Chilicruz, que discurrían por el Puente Pérez, bajando por la margen izquierda de nuestro “caudaloso” Putka mayo y Sutuj Chaka.
Cuando escaseaba el agua en los pilones de la ciudad, porque los conventos y las casas señoriales acaparaban prioritariamente el líquido elemento, el pueblo tenía que recurrir a los puquiales, de donde trasladaban el agua en “jipirinas” (porongos de barro para cargar) y “aysacos” (porongos más pequeños para la mano).
Los manantiales más tradicionales siempre estaban en las márgenes de nuestro río símbolo del huamanguino, que a lo largo de nuestra historia fue cambiando de nombre. Así tenemos que se llamó Putka Mayo, Río de la Tartaria y Río de la Alameda, y que dio origen a nuestro wayno “Lamedallay putka mayo” que a su vez, ha dado origen a otro wayno sureño con el nombre de otro río. Los manantiales o puquiales más tradicionales estuvieron ubicados en La Glorieta, que algunos chapuceros de nuestra historia nombran como marqués de la Glorieta. Tal marquesado no existió, lo cierto fue que era una de las residencias del marqués de Valdelirios.
En Crónica anterior hablamos sobre la sora aja, y no chicha de jora, porque la bebida no se elabora de hierba, (jora) y chicha que no es runa simi, sino vocablo caribeño implantado por los primeros invasores españoles, quienes probaron por primera vez la sora aja, bebida espirituosa de los inkas. En esta crónica rescatamos otra bebida tradicional de nuestra tierra. Olvidada desde mucho tiempo atrás.
Marca Chancho, es una bebida sumamente sana, no contiene alcohol y sus ingredientes más bien, son medicinales. Aclaramos que esta bebida no tiene la antigüedad de la bebida espirituosa de los inkas, (que contiene alcohol). Escribimos en tiempo presente como si todavía existiera, por el cariño que le guardamos desde nuestra niñez por este refresco humilde y popular, que en los días que corren, nadie se acuerda ni lo elaboran.
Su nombre nos sugiere una especie de revancha o venganza de otra bebida mejor elaborada y fuera del alcance del bolsillo popular: la gaseosa, popularmente conocida como soda, que era consumida por la clase más acomodada de la ciudad.
Sus ingredientes básicos fueron la cebada tostada, cola de caballo que en quechua se llama pinco pinco, grama, clavo y canela, todo ello hervido en grandes peroles y endulzado con chancaca o azúcar. Para su venta lo embotellaban como hicieron muchos años después Cola Vásquez, Villavisencio y COLA REAL, en botellas de cerveza. Al marcachancho lo tapaban con “joronta” (marlo) y lo amarraban con pita para que no rebalsara de la botella cuando empezaba a madurar la bebida por efectos del azúcar.
Su precio era, según mis indagaciones 20 c. después 50 centavos. Se vendían en humildes tiendas de barrio cuyo negocio principal era el cañazo, también en parque y campos deportivos por su bajo costo y bebida sana y abundante.
A los pequeños industriales huamanguinos, ¿no se les ocurrió industrializar esta bebida? En los días que vivimos hay gente visionaría que se han convertido en millonarios industrializando productos autóctonos como el Uchu kuta (ají molido) por ejemplo.



