Ernesto Camassi | Crónica
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Una aspiración natural de cualquier artista peruano, sin importar el género musical que practique, ha sido desde siempre salir del país para cantar o ejecutar su arte ante otro público; y la aspiración máxima de todos fue Europa. Centrándonos en las giras de artistas folklóricos peruanos, se registran algunos nombres (guardados solamente en mi memoria), cuya lista repasaremos brevemente.
El primero y más antiguo es el periplo emprendido por el músico y compositor huamanguino Moisés Vivanco Allende y su posterior esposa, Emperatriz Chávarri, conocida como «Ima Súmac». Iniciaron modestamente en Chile, donde Ima Súmac cantaba las composiciones de su marido con su maravillosa voz de soprano, mientras Moisés la acompañaba solo con su guitarra. Luego cruzaron el Atlántico y fueron acogidos en los mejores escenarios de varios países europeos, donde triunfaron rotundamente.
Las giras posteriores, las grabaciones de millones de discos, los retornos a la patria y tantos otros capítulos de sus vidas son tan numerosos que no hay espacio suficiente aquí para resumirlos todos. También se recuerda la gira del primo de Moisés, el antropólogo, quenista y compositor Dr. Alejandro Vivanco Guerra, así como de los charanguistas Jaime Guardia y Roberto Tévez, ambos de Parinacochas.
Mención especial merece Raúl García Zárate, el guitarrista huamanguino conocido como el «doctor en temple diablo», por sus múltiples giras por diferentes continentes. Con él, la música folklórica huamanguina resurgió, gracias a su exquisito estilo de pulsar las cuerdas de la guitarra, heredado de los antiguos maestros, que inspiró a una nueva generación de guitarristas en Huamanga, tanto como solistas como integrantes destacados de grupos musicales.
Podemos calificar algunas de estas giras como «Giras Culturales», con rotundo éxito y gran asistencia de público en locales adecuados. En contraste, otras «giras o escapadas folklóricas» de ciertos «artistas» hacia Europa no merecen tal calificación. Fueron simples aventureros que agarraron su guitarra, charango o quena, ahorraron para el pasaje de ida y vuelta y se aventuraron al Viejo Continente sin una meta clara. Se ubicaron en calles y plazas públicas, poniendo su sombrero en el suelo, esperando la caridad de los transeúntes para sobrevivir.
Algunos de estos «artistas» ambulantes aún permanecen allí hoy en día. Otros que regresaron presumiendo de sus éxitos nunca demostraron en qué teatro actuaron o cuánta gente los escuchó.
Traigo a la memoria estas supuestas «giras triunfales» para recordarles a los lectores que muchas veces son exageraciones de jóvenes con aspiraciones artísticas, que presumen de actuaciones exitosas fuera de nuestro país que nunca sucedieron. También aprovecho para declarar que, aunque nuestro trío tuvo algunas salidas artísticas a otros países hace sesenta años, nunca hicimos alarde de ninguna «gira triunfal».
Esta remembranza de «giras triunfales» me lleva a contarles sobre la última propuesta de una empresaria al «Trío Ayacucho», que he recompuesto con nuevos integrantes tras la muerte de mis viejos compañeros hace más de veinte años. Se trataba de un contrato para una gira por España, Italia y posiblemente ampliada a Alemania y Francia, llamada «Gira artística del Bicentenario de la Batalla de Ayacucho».
Sin embargo, las condiciones contractuales con la empresaria no estaban claras, especialmente quién pagaría los pasajes del trío, es decir, la parte más pragmática del trato, la cuestión monetaria. Frente a este problema, opté por renunciar a este viaje europeo hasta que estén claras las condiciones objetivas y subjetivas, una muletilla que nos recuerda los años de violencia que vivió y padeció el Perú.
Aprovecho esta penúltima edición para informarles que la próxima semana cerraré mi columna con la última «Crónica», que desde hace años plantea quién es el verdadero autor de «El Hombre», una pregunta que el fallecido profesor Eutemio Ñaccha Alca cuestionó desde los años 80 del siglo pasado. Ahora, otro escritor e investigador folklórico, Jinre Guevara, quien no es ayacuchano ni huamanguino, ha retomado una investigación muy interesante, aportando nuevas evidencias que cuestionan la autoría de Ranulfo Fuentes sobre los tres principales huaynos que él afirmó ser suyos: «El Hombre», «Ponchollay» y «Hermano».



