Hay varias imágenes de la mujer-madre. Siempre la tenemos presente en las labores domésticas en la casa, al extremo que muchas de ellas, antes de los cambios de las décadas de los sesenta y setenta, ponían como ocupación: “su casa” en las encuestas y censos.
Hoy la mujer-madre es profesional, emprendedora empresarial y las labores domésticas en la mayoría de los matrimonios jóvenes son compartidas. La imagen de la mujer-madre ha variado sustantivamente en las últimas décadas.
Pero la imagen icónica de la madre, es la María, la madre de Jesús, al pie de la Cruz, acompañando a su hijo hasta el último momento de su vida. Y, que las encontramos en un grupo de mujeres argentinas: Las Madres de Mayo, y su expresión peruana: las Madres de Anfasep.
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Son mujeres a quienes el estado arrebato a sus hijos y los desaparecieron. La última vez que vieron a sus hijos, en su mayoría son coincidentes: fueron sacados de sus domicilios en noches de toque de queda, con el vestido que tenían puesto en ese momento: pijama o ropa interior, muchas veces descalzos, y llevados a golpes a una camioneta.
Sus captores, usaban pasamontañas, perro por su físico, uniforme o ropas, era evidente que eran militares o soldados. Las Madres de Mayo al igual que las Madres de Anfasep, visitaron incansablemente comisarias, puestos policiales y cuarteles, y siempre recibieron la misma respuesta: “acá no está detenido”.
Fueron mujeres que nunca dejaron de exigir que les entreguen a sus hijos, y que vuelvan, así como los llevaron. Pero luego, después de décadas sin respuesta por parte del estado, lanzaron un grito que se apagó, pero siempre es bueno recordarlo: entréguenos, aunque sea sus huesitos.
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La fuerza de esas madres y sus testimonios han permitido, que en Ayacucho se disponga las excavaciones en las inmediaciones del cuartel Los Cabitos, que, durante los primeros años del conflicto armado interno, fue un centro de reclusión y tortura y ejecuciones extrajudiciales. Lo que las madres de Anfasep señalaban, era cierto: habían detenidos que fueron asesinados.
Que haya sucedido en Argentina, Chile, Guatemala y Perú, así como en otros países de América, no se entiende al margen del entrenamiento en la Escuela de la Américas, que funcionaba en Panamá, donde los militares fueron entrenados en técnicas de guerra de baja intensidad, como se denomina al terrorismo de estado.
Un homenaje a esas madres, que soportaron las vejaciones, insultos y muchas también detenidas y desaparecidas, por buscar a sus hijos secuestrados una noche y que nunca más regresaron.



