Por eso, la Defensoría del Pueblo ha señalado con toda claridad, que se ha actuado de manera desproporcionada en el intento de un grupo de los manifestantes, posiblemente queriendo emular a los de Arequipa y Cuzco, de tomar el Aeropuerto de Ayacucho, el mismo que fue rechazado por el ejército lanzando bombas lacrimógenas desde un helicóptero y haciendo uso de sus armas de fuego.
Los videos, y así lo ha señalado la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, muestra que los soldados disparan a los manifestantes que están huyendo cuando se hacen los disparos al aire, es decir se disparó directamente al cuerpo.
Casi como una respuesta a estos organismos, la Defensoría del Pueblo y la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, la presidente de la república ha justificado los resultados de la acción del ejército en Ayacucho, señalando que se trataba de “radicales” por no decir terroristas, a quienes, además, en su conferencia de prensa se les calificó como malos peruanos.
La violencia en el país contra los indígenas es la norma, porque a “la gente decente” no se les condena, así salgan con lemas fascistas e intenten asaltar el Palacio de Gobierno. Esta represión no es de ahora, tiene muchos años, casi el mismo tiempo de la república, porque la población indígena siempre ha sido víctima del abandono y la marginación.
Y si vemos los rostros de las madres de los jóvenes muertos en Ayacucho, todas ellas son quechuas, es decir mujeres indígenas, cuyos hijos habían logrado estudiar e ingresar a la universidad o terminar la secundaria.
No estamos a favor de la violencia, de ningún tipo, pero hay que entender, que para los pobladores de las provincias del sur, la vacancia de Pedro Castillo y su detención, era contra el presidente que ellos habían elegido y se sintieron directamente afectados.
¿Es difícil que la presidenta de la república entienda esto? Ella también procede del sur del país y sabe que los pobladores de esas regiones se sentían representados por Pedro Castillo, porque por primera vez, alguien como ellos “los indios” llegaba a la presidencia de la república, lo que no fue aceptado por la la derecha bruta y achorada y se inició una campaña demoledora contra un presidente, que pudo haber sido incapaz y cometido actos de corrupción que están en investigación, pero no se limitaron a eso. Por ejemplo, un columnista del diario La República calificaba y sigue calificando a Pedro Castillo como ladrón, como si ya se hubiera probado los delitos que la fiscalía ha denunciado.



