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Nostalgias del Carnaval | Opinión

Mario Cueto | Opinión de Miércoles
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Poco después de que el carnaval ayacuchano, fuera declarado “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación”, se han generado cambios sustanciales.

La conformación de las comparsas era espontánea y voluntaria, por familiares, amistades, vecinos, pobladores de barrios y calles emblemáticas, para disfrutar, gozar, desestresarse, sin preocuparse por “caer” bien al público. Nadie pagaba para integrarse a la comparsa. Hoy, las comparsas mayormente representan a instituciones públicas y privadas, especialmente el día sábado, en algunas de ellas con obligatoria participación por “identificación”, ensayando, con anticipación, para que haya uniformidad en los movimientos, coreografía y desplazamiento alineado, a fin de impresionar al público, constituirse en la mejor comparsa y hasta exigiendo diplomas sin que mayormente sus integrantes gocen, se diviertan y disfruten a plenitud, incluso pagando, para formar parte de una comparsa.

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La vestimenta era nada uniforme, caracterizada por las faldas, blusas, ponchos e instrumentos musicales propiamente andinos, a cargo de los propios participantes; como una expresión pública de las habilidades musicales, identidad, costumbres y características, mientras ahora quienes integran una comparsa, tienen que estar debidamente uniformados, con vestimentas que incluso distan mucho de las jurisdicciones que dicen representar, aparentemente, porque tienen vergüenza de su identidad y de usar la vestimenta típica de sus pueblos de procedencia, y usan vestimenta huamanguina, contratando músicos.

Otra variación. Las rutas de desplazamiento. Las comparsas recorrían las calles y avenidas en forma libre, en el horario que consideraban adecuado, deteniéndose en cada esquina para interpretar y bailar un huayno y en el recorrido, refrescarse en un “tambo”, una tienda, cantando y bailando en todo el recorrido; sin seguir alguna ruta pre establecida por las autoridades, que en la actualidad permite solamente, en la práctica, a que las comparsas muestran sus habilidades en la Plaza Mayor.

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Los días del carnaval, eran regidos por las reglas establecidas por el rey momo, prevaleciendo su autoridad sobre las legales y formalmente constituidas, con libertad para desinhibirse, romper con las reglas de relaciones interpersonales, interpretando canciones con letras preparadas por ingeniosos compositores, cantautores, expresando los sentimientos y coyuntura política, social y económica, que se vivía cada año. Hoy, cumplir con esta tradición, escandaliza a algunos, que se sienten “ofendidos”, simple y llanamente, porque ignoran y no valoran la esencia, peculiaridad y características de nuestro carnaval.

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