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Para mis enemigos, la ley … para mis amigos, todo | Editorial

Ese viejo lema: “Para mis enemigos, la ley … para mis amigos, todo”, asignado al presidente Manuel Prado, se puede utilizar con total claridad para los procesos que se siguen contra los expresidentes Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Martín Vizcarra y Pedro Castillo, quienes enfrentan sus procesos con detención y la señora Keiko Fujimori, que ha quedado libre de polvo y paja.

Ella ha enfrentado una investigación fiscal, donde se ha evidenciado el ocultamiento de las fuentes de financiamiento de su campaña electoral del 2011, que es el periodo que se le investiga, en los que recibió aportes que han sido considerados, desde la fiscalía, como ilícitos y lo más grave, en lugar de declarar su origen, se dedicó a “pitufear” los millones recibidos, utilizando a personas -muchos de ellos casi indigentes- haciéndolos pasar como aportantes de 10 mil o veinte mil dólares.

Estando ya en pleno juicio oral, sin embargo, la mano milagrosa del Tribunal Constitucional comenzó a recibir apelaciones de muchos de los implicados en este proceso, cuyas características personales y financieras, demostraban que se trataba de lo que, en buen romance, Carlos Malpica los describió como “los dueños del Perú”.

Los otros investigados por casos de corrupción, incluidos los ex presidentes Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Martín Vizcarra y Pedro Castillo, si han enfrentado los procesos bajo detención preliminar y en el caso de los dos primeros, han sido sentenciados a prisión.

Se repite entonces ese viejo dicho. Para mis enemigos la ley, es decir aplicar lo que señala la ley para delitos, como es el de recibir dinero para una campaña electoral, negarlo, pese a las evidencias y las pruebas existentes, pitufear estos oscuros aportes, que también es un delito. Pero tratándose de la hija del dictador Alberto Fujimori, eso no es un delito.

¿Por qué? Debe ser la pregunta que nos hacemos los peruanos. Se buscan argumentos traídos de los cabellos, porque la razón es una sola: están involucrados no solo la hija del sátrapa japonés, sino “parte de la casta” que se ha convertido en dueños de tierras -los nuevos latifundistas- y los dueños de bancos. Son la nueva oligarquía que ha hecho del Perú su chacra.

Esta oligarquía que se ha beneficiado con la privatización de las empresas públicas durante el gobierno de Alberto Fujimori, cuando vendieron por ejemplo Centromin Perú descuartizándola como si fuera chatarra o vendieron Entel Perú como si no sirviera para nada.

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