Mario Cueto | Opinión de Miércoles
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Desde hace algunos años, vamos incumpliendo las reglas gramaticales, en muchos casos por motivos político-ideológicos o por ignorancia, olvidando, por ejemplo, que en nuestro idioma existen los participios activos, derivados de los tiempos verbales; que en el caso del verbo “ser” es “ente”, que significa “el que es” o el que tiene identidad. De ahí que, cuando se nombre a una persona que ejerce una acción que expresa el verbo, se añade a éste, la terminación “ente”. Por ello, al que preside se le llama “presidente”, nunca “presidenta” y para diferenciar el género, se cuenta con los artículos “el” y “la”; de tal suerte que lo correcto es decir “el presidente”, “la presidente”.
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Incurrimos en estos errores gobernantes, ministros, congresistas, miembros del snob oenegista y de la corriente neolengua, periodistas y hasta el Cardenal quien, al oficiar recientemente una misa, dijo “los jóvenes y las jóvenas”. De generalizar esta modalidad gramatical incorrecta, diremos dentisto, periodisto, sindicalisto, sastra, turisto, taxisto, artisto, telefonisto, electricisto, policío; pacienta, dirigenta, estudianta, etc., por no hacer uso debido del artículo “el” o “la”.
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Estos errores, se conocen como solecismo, que es una transgresión de las reglas de la gramática; sintaxis y del léxico; en otras palabras, error que se comete contra las normas de algún idioma, por ello la RAE, rechaza el uso de “todos, todas y todes”, Si se habla o escribe así, no se es inclusivo, se es ignorante. A propósito, en las décimas “Idioma sin idiomo”, del venezolano Rafael Glenn; se da una idea bastante clara de nuestros errores.
Entre parlantes ladinos
de acuñarle el femenino
a quien nunca lo tendría.
Si no tiene “dío” el día,
y el trigo no tiene “triga”,
ni existen las “gobernantas”,
tampoco las “estudiantas”,
ni “hormigo” entre las hormigas
Aunque lo intenten, comprar
con millones y “millonas”
un trono no tiene “trona”
ni “jaguara” has de llamar
a la hembra del jaguar,
y aunque el loro tenga lora,
y tenga una flor la flora,
mi lógica no se aplaca:
no tienen “vacos” las vacas,
ni los toros tienen “toras”.
Aunque las libras existan,
con los libros no emparejan,
y tampoco se cotejan
suelos, que de suelas distan,
por mucho o “mucha” que insistan
mi mano no tiene “mana”,
no tiene “rano” la rana
y foco no va con foca,
ni utilizando por boca
el masculino de Ana.



