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Rospigliosi en el Banquillo | Editorial

Las declaraciones de Fernando Rospigliosi contra la ex fiscal de la Nación Delia Espinoza, a la que acusaba de “aliada del terrorismo y economías ilegales”, por haberse reunido con los familiares de las víctimas de las protestas ocurridas entre diciembre de 2022 y febrero de 2023, llevó a la ex fiscal a exigirle se rectifique en sus afirmaciones, que las hizo en su cuenta de X (anteriormente Twitter).

En lugar de rectificarse, Rospigliosi, reiteró sus ataques contra Espinoza y la “Organización nacional de mártires y victimas 2022-2023”, a la que denominó como una típica fachada de subversivos.

Ya no sorprende los cambios de Rospigliosi, de fanático militante de Vanguardia Revolucionaria convertido en un anticomunista extremista. Ese es un problema suyo y por eso, las acusaciones contra la ex fiscal de la nación y los familiares de las víctimas de esos infaustos meses, debe asumirlas.

Este juicio contra Rospigliosi por presunta difamación, tuvo su primer episodio en la mañana de este martes. No hubo conciliación, por lo que se procederá con el juicio oral a partir del 12 de este mes.

Vayamos al fondo del tema. El actual presidente interino del congreso, se ha convertido en “un boca suelta”. Lanza adjetivos denigrantes contra aquellos que no están de acuerdo con las acciones que viene desarrollando la mafia que lo controla el congreso.

Además, se ha convertido en el vocero oficioso de la señora Keiko Fujimori, para atacar a los movimientos políticos de izquierda, calificándolos indiscriminadamente de terroristas. Ni siquiera, quienes formaron parte de la organización en la que militó se salvan de sus agresiones verbales.

Por su conducta, y por las formas como actúa, por ejemplo, cuando amenaza con meter a la cárcel a los jueces que no acaten las leyes pro crimen aprobadas por el congreso, así como la de impunidad frente a los asesinatos cometidos, tanto durante el conflicto armado interno, como en las protestas de diciembre del 2022 y enero y febrero del 2023, lo presentan como un enemigo de los derechos humanos.

Rospigliosi conoce la magnitud de sus calificativos y si los hace, es porque confía que no será sancionado en ningún tribunal, porque para él, todos deben someterse a los dictados de un congreso controlado por el pacto infame de la corrupción y el saqueo del país.

Esperamos una sanción justa para reparar el daño moral que hace con calificaciones denigrantes. Eso no es libertad de expresión, es difamación.

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