Han pasado los carnavales y recién parece que los partidos y alianzas electorales se han puesto en marcha. A menos de dos meses de los comicios, han comenzado con la apertura de locales partidarios, tanto para promover la imagen del candidato presidencial como la de los aspirantes al Senado y a la Cámara de Diputados.
La numerosa cantidad de candidatos a diputados no se percibe en su real magnitud. Muchos no contarán con local propio y deberán integrarse al espacio del candidato al Senado o, en su defecto, al del postulante presidencial. No ocurre lo mismo con quienes ya tienen trayectoria pública —por haber sido congresistas, gobernadores o alcaldes— y conservan una base política previamente construida.
La gran mayoría, sin embargo, son prácticamente desconocidos para el electorado, y su principal desafío es lograr visibilidad y credibilidad en un escenario marcado por la desconfianza hacia la clase política.
Desde el fin de semana, y especialmente desde ayer lunes, los candidatos han desfilado por programas radiales y televisivos. En el caso de los aspirantes al Senado, la mayoría se ha limitado a repetir los lineamientos generales del programa partidario. Pocas intervenciones han mostrado propuestas concretas adaptadas a la realidad regional.
¿Qué podemos inferir de este comportamiento? Una primera explicación es que evitan alejarse del discurso del candidato presidencial para no generar contradicciones internas. Pero también surge una interrogante más inquietante: ¿conocen realmente los problemas de Ayacucho y tienen claridad sobre cómo enfrentarlos?
En el caso de los candidatos a diputados, los pocos que han tenido presencia en medios (incluidos los digitales) se han limitado a repetir consignas. Ni siquiera parece que dominen con solvencia el programa de su propio partido.
Nos encontramos, así, a menos de 60 días de una elección decisiva, con campañas que recién despiertan y candidaturas que aún no terminan de consolidarse.
Salvo contadas excepciones, el nivel del debate no logra estar a la altura de las expectativas ciudadanas.
Decimos con frecuencia que en el Congreso nadie nos representa. La pregunta es inevitable: ¿diremos lo mismo del Parlamento que elegiremos este cercano abril?



