Los muertos que se amontonan por decenas a lo largo de nuestro gran país cuya sangre se impregna en la conciencia de aquellos políticos cómplices del asesinado y riega de impotencia a la nación que lloran con las familias enlutadas, las masacres de Andahuaylas, Ayacucho y Juliaca.
Esa sangre que se hace caudal con cada lágrima pronto alcanzará a la indiferencia de Lima, porque no se puede acallar a millones ni se puede ocultar la verdad sobre la dictadura al que estamos sometidos.
En ese contexto, una idea ha venido cobrando fuerza, en oposición al centralismo que asfixia a las provincias, las regiones del sur pretende un separatismo declarando una República del Sur Peruano, en momentos donde debemos estar más unidos, es importante ser claros y contundentes en descartar esas propuestas que no solo nos harían vulnerables frente a los países fronterizos quienes quiere un Perú dividido para quebrar nuestra solidez económica e integridad territorial y luego repartirse las migajas en proyectos anexionistas. Sino que no resolvería el problema de fondo de corrupción y discriminación tan enraizada en nuestra idiosincrasia.
En esta lucha contra la dictadura que enfrentamos todo el Perú ha de estar unido, desde el norte al sur, desde el oriente al occidente, todos somos peruanos y nuestra identidad nacional nunca debe ser puesta en tela de juicio.
La discusión sobre el centralismo es un tema a debatir en una eventual asamblea constituyente, quizás sea tiempo de abandonar la tesis de la República unitaria y hablar de un federalismo con autonomías de las regiones para gestionar su propio desarrollo, donde el ordenamiento federal sea subsidiario a la normativa estatal solo en aquellos casos que la Constitución lo establezca.
La restructuración nacional no pasa por una política separatista sino por un pacto social que nos cohesioné y nos reconozca a todos como ciudadanos de primera categoría con igualdad de derechos.
Donde la vulneración del derecho a la vida en una provincia al extremo de un país llamado Lima valga lo mismo para el Estado y sus instituciones y sea castigada por la justicia, encontrando sus responsables indirectos en los políticos, encabezada por la señora Dina Boluarte que detenta la Presidencia de la República, sus ministros y los congresistas que avalan esas políticas represoras y sus autores directos en los policías y militares que empuñando las armas que financiamos todos los peruanos enfilan el fuego contra sus compatriotas y desgarran a un país ya dividido por siglos de exclusión y opresión por las elites que no quieren perder su hegemonía.
Debemos permanecer firmes, pero a su vez unidos con la fe de que no desmayaremos en nuestro anhelo de una patria libre y con igualdad para todos.



