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Un discurso anticonstitucional | Editorial

La presidenta Dina Boluarte ha leído un discurso marcadamente agresivo desde el inicio, acentuando aún más el distanciamiento con la población de muchas ciudades del país —entre ellas Ayacucho— que salieron a las calles para exigirle que cumpla su promesa de renunciar si Pedro Castillo era vacado.

La presidenta ha acusado a estas manifestaciones de haber hecho un llamado a la guerra civil. Esta afirmación —leída con firmeza y que, presumiblemente, proviene de la imaginación de algún asesor— es una falsedad. Los periodistas que cubrieron las protestas contra su juramentación dan fe de que en ninguna parte del país se promovió una consigna semejante.

Lo que sí está comprobado es el uso de armamento de guerra en la represión de las protestas. La Policía Nacional utilizó este tipo de armamento en ciudades como Juliaca, Andahuaylas, Puno, Cusco, Lima y Pichanaqui. En Ayacucho, fue el Ejército quien actuó. Incluso la corresponsal de Canal N —quien sostuvo que los manifestantes se enfrentaban al Ejército— no mencionó en ningún momento que los civiles portaran armas de fuego.

En ninguna de las ciudades mencionadas, ni siquiera en Lima, se utilizaron consignas que aludieran a «tomar el poder» o “mantenerse mediante un río de sangre”. Cuesta creer que usted misma haya redactado ese mensaje, aunque lo haya leído con energía. Es probable que alguien le haya aconsejado ese tono, convencido de que eso era lo que necesitaban oír quienes desean imponer en el Perú una dictadura de corte fascista.

Y hay que decirlo con claridad: cuando se amenaza con calificar de traidores a quienes se oponen a su gobierno o denuncian actos de corrupción, se está caminando por una ruta peligrosa, lejos del orden democrático. Ese es el verdadero camino hacia una dictadura. El mensaje leído, lamentablemente, encarna el lenguaje del fascismo.

Además, cuando se afirma que quienes hablen de lucha de clases —tema presente en cualquier manual de historia— buscan destruir la democracia y convertir a los trabajadores en esclavos, se incurre en una tergiversación alarmante. No es una idea suya, probablemente, sino de quien redactó ese discurso.

Pero si usted realmente cree que hablar de lucha de clases equivale a defender la esclavitud estatal, entonces debería romper relaciones diplomáticas con China, país gobernado por un partido comunista. ¿Todos los ciudadanos chinos son esclavos del Estado? Si esa es su convicción, dígaselo al embajador y cierre el megaproyecto del puerto de Chancay.

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