El comercio en general funcionó con toda normalidad. No hubo un cierra puertas como en otras oportunidades de las tiendas y restaurantes. Los mercados funcionaron a medias, con algunos puestos cerrados e incluso algunos funcionaron con total normalidad. Esto es un indicativo, porque siempre en los paros, eran los mercados que un día antes ya avisaban a sus “caseros” que al día siguiente no iban a abrir.
Otro hecho significativo es la magnitud de la marcha, que no fue tan nutrida como la que se convocó el 15 de diciembre. Recorrió algunas arterias de la ciudad, lanzando consignas contra la presidenta del país, a la que pidieron su renuncia, y la convocatoria a elecciones generales.
Las clases en la universidad se desarrollaron con total normalidad, lo mismos que en el centro preuniversitario y las academias de preparación para los postulantes a la universidad.
En cuanto a las oficinas del estado, estas funcionaron con total normalidad, algunas con resguardo policial y a puerta cerrada, pero no se registraron plantones frente a ellas, como en otras oportunidades.
Mientras esto sucedía, en el congreso no se trató del adelanto de las elecciones pese a que el plazo vence en menos de dos días. De no darse, el congreso trataría este tema recién en agosto de este año, lo que demandaría una mayor postergación de la convocatoria a elecciones generales.
Como ya es de conocimiento el último proyecto presentado por la presidenta Dina Boluarte no fue aprobado por la Comisión de Constitución, ni el pedido de reconsideración, que decidió postergar el debate de la nueva propuesta del gobierno.
Este entrampamiento puede generar una mayor polarización del país, porque las demandas no tienen organizaciones políticas, llámese Partidos Políticos, así con mayúsculas que sean realmente representativos, y los que existen son grupos, casi empresariales, dedicados al saqueo del Estado.
Pese a esta situación, aprobar el adelanto de elecciones, sea a través de la renuncia de la presidenta Boluarte o la aprobación por el congreso de las elecciones, sin adicionar nada más, con las mismas reglas existentes, sería una válvula de escape a la tensión social.
Los otros temas, pasan a un segundo plano. Habrá tiempo para debatir la necesidad o no de una asamblea constituyente en el nuevo congreso, o las reformas a ala actual constitución, las mismas que están en un proyecto que realizó la comisión de Constitución del Congreso que presidió Henry Pease.



