Andrés Solari | Palabras de un mudo
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A muchos nos ocurre que el votar para elegir alguna opción, se nos convierte no solamente en una dificultad sino en un tormento. Imagínense a los peruanos que, hasta hace poco, en el 2016, fueron amenazados de escoger entre 19 opciones, la mayoría de ellas nunca explicadas. Ganas de disturbar de confundir, de desorientar, de joder, dirían los españoles.
Estamos pues todos sometidos a un laberinto psicológico o mental deliberadamente malicioso, del cual, al final de cuentas, solamente una minoría logra sobrevivir o salir en paz con su conciencia, valiéndose de sus experiencias electorales, de su natural y autodidacta disciplina y voluntad para saber pensar y saber hacer sin emotividades, fríamente, sin arbitrariedades, sin compadrazgos, anteponiendo solidaridad y el bien común antes que criterios o intereses personalistas, individualistas o de colectivos o grupos perniciosamente clasistas o elitistas.
Advierto que este trabajo intelectual no es exclusivo para académicos pues ese arte innato lo pueden practicar hasta las personas más humildes. Solo se requiere voluntad que nazca del corazón sincero, proclive a buscar el bien común.
Hemos visto académicos perversos que utilizan su supuesta intelectualidad para satisfacer sus soberbias, egolatrías, para oprimir y sojuzgar, para pertenecer a élites que finalmente son grupos de opresión. ¿Cuántos de ellos estarán infiltrados actualmente en las listas de candidatos?
Recientemente el actual Congreso ha vuelto a postergar el cumplimiento de la ley que exigía a las organizaciones políticas a designar sus candidatos vía elecciones primarias.
Eso significa una mala señal para cualquier elección futura. Es esa misma intelectualidad elitista de derecha y de izquierda, de ciertas dirigencias sociales que siempre han estado contrarios unos e indiferentes otros, para promover y cautelar el cumplimiento de políticas nacionales y normas conducentes a fortalecer el razonamiento ciudadano masivo o el fortalecimiento de capacidades ciudadanas y de su institucionalidad civil y pública y entre ellos el discernimiento electoral.
Razonamiento que pudiera llevar a mejorar gradualmente la exigencia de requisitos electorales a candidatos y a sus partidos explicar oportunamente y pedagógicamente sus programas de gobierno y que además avive el interés masivo por la voluntad política decente.
Ningún candidato ni partido nos habla de Planes para la Participación Ciudadana ni mucho menos sobre Gobierno Abierto, peor aún el 99% de aspirantes mira al proceso reformista de la Descentralización como a una peste que hay que eliminar. Maliciosamente no tocan el tema.
Si lo aludieran saben muy bien que la parte contraria, por ignorancia no se atrevería a refutarlos, pues irónicamente, al igual que ellos, no cree en la descentralización e idolatra el centralismo limeño.
Todos ellos telepáticamente se mimetizan en el silencio, en la indiferencia. Anulan simultáneamente las posibilidades de dialogo ciudadano .
Existen, por lo tanto, una serie de actitudes inmorales y antidemocráticas en las elecciones nacionales y regionales que se traducen en un proceso electoral como actitudes deliberadamente maliciosamente preconcebidas y cualquier rebeldía ante ese problema suele ser adjetivada como “rebeldía sin inteligencia”.
Esto haría preguntarnos ¿hasta qué punto las elecciones nos pertenecen y hasta qué grado aún les pertenecen a las élites, a los grupos de poder, a los ambiciosos de poder nefasto , a aquellos que votarán felices por quienes silenciosamente prometen no corregir nada ni pensar en una Visión y Misión de país.
La carencia en unos casos o incumplimientos reiterados en otros casos por parte de los gobiernos nacionales y regionales , hacen que esta anomalía se empeore constantemente al lograr, hasta el momento, que la ciudadanía (mujeres y varones) no visualicen la importancia de esta educación política participativa como un canal o ruta progresiva para el cambio hacia el desarrollo integral peruano.
Sarcásticamente, dos instituciones emblemáticas peruanas, (Defensoría del Pueblo/ Frentes de Defensa del Pueblo), una oficial y otra privada persisten continuamente en conducta errónea de no reclamar por esa anomalía.
Es así, como, por ejemplo, las derechas e izquierdas coinciden malévolamente.
En ambos lados persisten intereses particulares inconfesables, perfectamente perversos. De eso ya hemos hablado anteriormente.



