Conviene preguntarse qué ha pasado con los trenes el Perú, de la gran cultura ferroviaria del siglo XIX casi no queda nada, solo vestigios de lo que alguna vez fue la infraestructura ferroviaria nacional que movía al país.
Hoy lo vemos como reliquias de un pasado glorioso que desafío nuestra geografía como el tren macho y el tren turístico de Machupicchu, que en un pequeño tramo representa el boleto más costoso para el bolsillo de los peruanos para acceder a su maravilla mundial.
Sea que lo veamos con nostalgia o como una representación monopólica del abuso del poder económico en el imaginario social, lo cierto es que los trenes son la forma más eficiente de transportar bienes y personas.
La vía exclusiva que permite cumplir un horario casi ininterrumpido por el tráfico y la movilización de un gran grupo de personas en varios vagones de forma segura, convierte al tren en la forma más utilizada a nivel mundial por los países para el transporte público.
Los metros en las ciudades, los trenes de cercanías y los trenes interprovinciales pueden interconectar a todo el país, a un costo accesible para los ciudadanos, si existe una adecuada regulación económica.
Mientras que las principales capitales de la región cuentan con metro subterráneo hace más de 50 años, nosotros seguimos apostando por las carreteras y no invertimos en las vías férreas. Solo contamos con el tren eléctrico en Lima que demoro más de 30 años en construirse y que no cubre todas las vías de la ciudad.
Ese desmantelamiento sistemático que sufrió la infraestructura ferroviaria a partir del siglo XX con la complicidad de los gobiernos de turno, motivado por los intereses económicos privados, hasta el día de hoy seguimos pagando las facturas.
Es imprescindible por tanto, retomar el uso de los trenes en el país, el gobierno debe adoptar como política de Estado a mediano y largo plazo, el reemplazo paulatino del transporte público local e interprovincial de las carreteras al transporte ferroviario, que funciones a gas natural dado las reservas que tiene el país o mediante trenes eléctricos para los metros locales.
Cuanto beneficio proporcionaría al país, la conectividad nacional, de las personas y mercancías de manera más rápida y masiva, de contar con trenes que pudieran movilizarnos desde los extremos más distantes de la patria.
Hoy no tendríamos que lamentar el incremento de los combustibles porque teníamos alternativas para movilizarnos.
Esa cultura del uso del tren, también debe ser redescubierta por los peruanos, las futuras generaciones tiene derecho a tener un mejor transporte público local e interprovincial que les garantice su libertad de tránsito.
Dado que no podemos ser realmente libres, sin tenemos el condicionamiento económico como factor que no nos permite acceder a nuestro derecho.
Por tanto, los trenes constituyen un servicio público que debe ser priorizado e incentivado, mediante la participación del sector privado, pero regulado por el Estado, promoviendo la competencia entre operadores para que no pase lo ocurrido en el tren MachuPicchu, que es un lujo más que un servicio público.



