Sin embargo, esta historia no comienza con los españoles, sino miles de años antes, con momentos de esplendor con los Wari, que planificaron desde este territorio el control geopolítico del primer imperio del ande, tarea que actualmente ninguna de nuestras autoridades estaría en la capacidad de desarrollarlo e impulsarlo.
Podemos asegurar que los Wari eran realmente estadistas, con menos recursos pero con mayor conciencia de sus responsabilidades para garantizar a su pueblo un sentido de orden, autoridad y desarrollo, algo lejano para este momento en un espacio territorial diez veces más pequeño.
Nos seguimos enorgulleciendo de un pasado al cual no le generamos la mínima esperanza de cambio, seguimos en la letanía que nuestros antepasados definieron con sus acciones la historia del Perú y del continente. Pero hasta el momento eso es todo.
¿Pero cuál es el futuro ahora?, ¿a dónde nos dirigimos?, ¿Cuáles son las líneas y estrategias de desarrollo para Ayacucho?, estas preguntas caen de maduras, diría de rancias porque han perdido por el paso del tiempo y la inoperancia el objetivo claro de futuro. Nos estamos refugiando y desfallecemos en nuestro pasado.
La exigencia de una ciudadanía activa y nuevos liderazgos desprendidos de la soberbia y la ambición dineraria evitará que sucumba este navío que se encuentra a la deriva, necesitamos un capitán de un buque y no grumetes al mando, necesitamos estadistas que miren una región y sus ciudades en un futuro de 50 y 100 años.
No malos gestores del momento y las circunstancias. Y por supuesto, una ciudadanía comprometida con las futuras generaciones que se vincule activamente en el desarrollo y protección de los activos históricos, naturales, políticos y sociales de nuestra querida y añorada tierra. Solo depende de nosotros, somos los responsables de lo que venga, nadie asumirá lo que estamos dejando de hacer.



