potencial ganador. Este endoso de votos se expresa mejor cuando las organizaciones políticas son serias, tienen dirigentes reconocidos y las conversaciones se hacen públicas.
En la orilla del frente está la denuncia del candidato Pabel Bellido, cuyo movimiento regional Agua ganó las elecciones municipales en todas las provincias y en los distritos, incluyendo la ciudad de Ayacucho, pero perdió en la elección regional. Algo sumamente raro, señala, porque se supone que los electores al marcar, lo hacen prácticamente del mismo modo para elección distrital, provincial y regional.
No hay denuncia de fraude, pero si de arreglos antes de las votaciones, en las que los seguidores de los otros movimientos regionales, habrían sido de una u otra manera, convencidos por Wilfredo Oscorima, para que voten por el en la elección regional y en las distritales y provinciales por sus propios movimientos.
Esto no invalida las elecciones, pero deja el sabor agrio de negociados bajo la mesa. Es decir, de sospechosas jugadas no muy transparentes, como supuestos “pagos” o “promesas futuras” a candidatos de otros movimientos para que mantengan el voto distrital y provincial a su favor y a la regional lo hagan por Oscorima.
Su contrincante ha llamado negociados bajo la manga. Si, lo son, pero eso es parte de los arreglos en procesos electorales. Y, donde no hay partidos ni movimientos serios, las fidelidades tampoco son estables. Veamos, por ejemplo, como los votos del Sur, especialmente del Cuzco que se esperaban iban a favor de Verónica Mendoza terminaron en Pedro Castillo.
El electorado peruano es imprevisible. En Lima, contra todo pronóstico, las propuestas autoritarias se han consolidado y representan el 50% de las preferencias, si sumamos los votos de López Aliaga con las de Urresti. Parece que el desengaño de la política, tal como se practica en la actualidad, es cada vez mayor, y lo que falta son verdaderas alternativas, tanto regionales como nacionales.



