Jesús Ospina | Símbolos y gestos
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El calor de las elecciones ya pasó. Pero se enciende el fuego de los balances. Para algunos el socialismo perdió el rumbo electoral, en especial la confluencia “Venceremos”, que, como representante del socialismo marxista mariateguista, no encauzó la conciencia social de ese torrente rebelde que colocó a Pedro Castillo en Palacio en el 2021, y de sectores que en el 2021 apoyaron a Verónica.
Como señaló Héctor Béjar, para elegir a Castillo, hubo una rebelión rural, una irrupción plebeya de docentes, vendedores e informales. Ese Perú profundo, que conoce a Mariátegui, aunque no lo estudiara, desarrolló una revolución democrática, tras sentir la exclusión, y eligió a un profesor de sombrero que encarnaba su rabia. No fue una decisión ideológica, sino una opción identitaria, emocional.
Hoy, un sector de ese mismo electorado apoyó la imagen de su continuidad en Sánchez. Y, otro sector, se habría orientado hacia candidaturas más de centro izquierda. En conjunto, abandonaron las posiciones más socialistas. Ese sector político, heredero de Izquierda Unida de los 80, no supo leer el humor, la demanda, los sentimientos. Peor aún, quizá ni lo vio.
Ronald Atencio, (Venceremos), abogado con escaso carisma electoral, y de razonamientos más bien fríos. No ofreció seguridad para superar el miedo frente al sicariato. La gente quería certeza, cobijo, protección. López Chau explotó su participación en la lucha juvenil contra el régimen de Boluarte. Pero mostró un perfil confrontacional, sin control, una imagen secundaria, no de estadista.
El pueblo quiere un presidente que, en medio de la tormenta, mantenga la serenidad. Y allí apareció Jorge Nieto, con imagen de gestor y mejor estadista. Y como en política la percepción es la realidad, Roberto Sánchez, que estuvo con Castillo, que se abstuvo de defenderlo en el golpe y luego votó algunas leyes pro crimen, apareció con el sombrero en la cabeza y ganó votos.
¿Qué le falta al socialismo? Una propuesta teórico práctica democrática basada en un análisis concreto de la realidad. Que retome a Mariátegui, y que entienda y atienda a los informales y marginales, que son más del 70 % de la población, y que no son clase obrera ni campesinado clasista, pero sí ciudadanos en el margen del Estado, y que exigen seguridad, desarrollo, etc., resultados concretos, de cualquier línea política.
Decíamos antes que Mariátegui planteó que el socialismo debía ocuparse de hacer una revolución democrática burguesa, ante la ausencia de una burguesía revolucionaria. Y hasta hoy la burguesía es mercantilista, conservadora, autoritaria, racista. No ha evolucionado por conveniencia, por proteger intereses particulares antes que el desarrollo del país. Retomar esa orientación es clave.
También requiere democracia interna en sus partidos para que se fabriquen cien Alfonso Barrantes, carismáticos, que hablen de socialismo sin asustar a la abuela, que use el marxismo como guía para la acción, y no como una plantilla ideológica que aplique en todo tiempo y lugar. Que hable de las problemas y emociones de la gente, pues las elecciones se ganan con el sentimiento, no solo con el programa.
Una nueva oportunidad
En las elecciones municipales y regionales el socialismo se debe reinventar. Debe abandonar el maximalismo, y ganar alcaldías y gobernaciones resolviendo participativamente problemas concretos, de basura, agua, obras, seguridad, etc. Desde el socialismo se debe dar poder al vecino para cogobernar municipios y regiones. Debe recuperar la metodología de la “decisión comunal, decisión municipal”.
La campaña municipal debe ser una experiencia de pre gestión. Ir a los barrios, no a pedir el voto, sino a construir soluciones con el vecino. Delegar poder, hacer corresponsable al vecino. Lideres que controlen sus emociones, que hablen sencillo, que inspiren confianza. Escuchar a través de un diálogo horizontal y organizar a los barrios para una gestión participativa.
Conectar con el sentimiento real, superar el miedo, la incertidumbre, la desconfianza. La “rebelión plebeya” por representantes genuinos sigue ahí, viva, esperando. Supera a Castillo y no acabó en las urnas. Busca voces que la entienda. El socialismo debe salir a su encuentro, ensuciarse los zapatos, desarrollar metodologías para construir una municipalidad vecinocéntrica, y aprender a gobernar desde el barrio. El tiempo apremia.
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