La creación del día internacional de la fue gestado en el congreso de las mujeres socialistas, en la segunda década del siglo XX y propuesto por Clara Zetkin, amiga en su juventud de Marx y Engels y maestra de Rosa Luxemburgo, que también estuvo presente en esa histórica reunión.
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Justamente, para diferenciarse de las mujeres burguesas que en Europa y Estados Unidos hacían gala del feminismo, al decidirse que el 8 de marzo era el día de la mujer, Rosa Luxemburgo fue precisa y escribió:
“(…) La mujer burguesa no está interesada realmente en los derechos políticos, porque no ejerce ninguna función económica en la sociedad, porque goza de los frutos acabados de la dominación de clase (…) La (mujer) proletaria, en cambio, necesita de los derechos políticos porque en la sociedad ejerce la misma función económica que el proletario, trabaja de la misma manera para el capital, mantiene igualmente al Estado, y es también explotada y dominada por éste. Tiene los mismos intereses y necesita las mismas armas para defenderse”.
Durante los primeros años, el 8 de marzo fue ignorado y sólo era celebrado por las mujeres obreras en las grandes ciudades europeas y algunas capitales de los países latinoamericanos, y era una celebración perseguida por la patronal y sus agentes que, desde los estados, estaban contra las ideas de las mujeres proletarias y socialistas.
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Lo mismo pasaba con el 1 de mayo, día del proletariado. Ya no es el día en que los obreros de la industria dejaban las usinas de las fábricas, los obreros mineros salían de los socavones de las minas o los asalariados de los latifundios dejaban las lampas y salían a las calles a rendir homenaje a los 8 de Chicago. Hoy es un feriado institucional y se olvida que las 8 horas costo la vida de cientos de obreros en todo el mundo y no sólo a los mártires de Chicago.
Lo mismo podemos decir del 8 de marzo. De ser un día que sólo lo acataban las mujeres proletarias, como escribió Rosa Luxemburgo para recordar a las mártires de Nueva York que murieron calcinadas por acatar una paralización por sus derechos, es hoy en muchas partes, una reunión social intrascendente.
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Son otros tiempos, puede ser el argumento, pero nunca debemos olvidar, que para el reconocimiento de los derechos de la mujer, fueron protagonistas a miles de mujeres proletarias, que como Flora Tristán, a mitad del siglo XIX, recorría los barrios obreros de Paris llevando las ideas del socialismo.



