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martes, mayo 21, 2024
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El dólar estadounidense ¿una divisa dictatorial? | Opinión

Ascencio Canchari | Figuras y aspectos de la vida mundial
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Debemos recordar que el dólar tuvo dos principales momentos en que estuvo bajo cuestionamiento y a un pelo de perder su predominio mundial desde el acuerdo Bretton Woods de 1944.

El primero fue la desconvertibilidad o abandono del estándar oro en 1971, justo cuando varios países europeos estaban cuestionando esta supremacía deshaciéndose de sus dólares al convertirlo en oro. La desconvertibilidad detuvo este proceso. Aunque produjo varios problemas (como tal vez la crisis inflacionaria de los 70s) tuvo el efecto casi mágico de consolidar la divisa estadounidense como reserva de seguridad, aún que estuviese basada en solo fe en la potencia de la superpotencia.

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El segundo momento ocurrió con la creación del euro en 1999. La creación de una divisa con posibilidades de competir con la supremacía del dólar fue seguida del 11 de Setiembre y de las nuevas guerras a gran escala de Washington. El derrocamiento de Saddam Hussein, justo un proponente de usar el euro en lugar de dólares y casi una década después la caída de Mohammad Gadafi, quien había propuesto la creación de una moneda común africana, salvaron al dólar, sino de una caída al menos de una pérdida de poder geopolítico.

Ahora, en 2023 los países del BRICS impulsan un tercer intento de reemplazo del dólar como divisa dictatorial. Debido al ascenso de China y de la notable decadencia interna de Estados Unidos, no es difícil imaginar un fin de la hegemonía del dólar. Sin embargo, recordemos dos factores que ya se han probado en la historia: 1) las divisas creadas para ser compartidas con diferentes economías con diferentes ciclos y necesidades económicas no funcionan a la altura del dólar.

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El euro debería ser suficiente prueba; pero también un grupo unido por razonables reivindicaciones geopolíticas pero distanciado económica y culturalmente como el BRICS; 2) Washington sabe que la inoculación de conflictos geopolíticos, militares, no sólo significa ganancias para sus principales corporaciones de las cuales es prisionero, sino que produce un efecto conocido: los inversores y ahorristas corren a la “divisa segura”, el dólar, por una mera razón psicológica y cultural, algo que no se cambia en pocos años. El conflicto de Ucrania, las tensiones en Taiwán (iniciadas por Washington, no por Pekín) son parte de un patrón conocido y muy previsible.

Actualmente, el dólar continúa drenando valor de las excolonias, definidas a sí mismas como repúblicas independientes. Por ejemplo, cuando en un país periférico como Angola o Argentina el dólar pierde demasiado valor debido al festín de impresiones en Washington (y luego del “efecto Cantillion”) los bancos centrales de esos países salen a comprar más y más dólares. Pero ¿por qué, Dios? Porque si el dólar se devalúa demasiado los empresarios criollos pierden capacidad de competir en el mercado internacional y las exportaciones se deprimen. Sobre todo en economías extractivas (como África y América Latina, donde la burguesía criolla y empresarial no necesita importar materias primas para exportar sus productos manufacturados).

Los países periféricos deben producir algo para comprar dólares y poder, de esa forma, pagar sus deudas; no pueden imprimirlos como lo hace el Rey Midas. Así que, a más demanda de los bancos centrales de la periferia, más se valoriza el dólar y más dólares emite Washington para succionar más valor de los países que lo usan o de los trabajadores que lo mantienen como ahorros de vida.

La asimetría real, una vez más, es encubierta con un discurso simétrico. A través de sus brazos financieros como el FMI y el Banco Mundial, Washington y Europa sermonean sobre la falta de “disciplina fiscal” de los países del Sur Global, de los países deudores, de los países corrompidos por siglos por el imperialismo del Norte. De la misma forma que hacen con los impuestos, obligar a los países a tener disciplina fiscal es una forma de mantenerlos controlados y a disposición de los inversores internacionales. La otra forma es a través de sus deudas nacionales.

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El centro pregona disciplina fiscal para sus excolonias, algo que los países acreedores no tienen y nunca tuvieron. Sin embargo, muy probablemente este festín monetario esté llegando a su fin. ¿Tomará veinte, cuarenta años? Imposible saberlo. La persistencia de una alta inflación en Noroccidente podría no solo deberse a hechos circunstanciales como la pandemia del Covid19 y el conflicto en Ucrania, sino también al efecto de impresión (y de creación virtual) de dólares en un mundo que lentamente se va desprendiendo de esa divisa global.

La supremacía global del dólar es más importante que cualquier otro recurso, incluso el recurso del millonario poder militar de Estados Unidos. Al igual que con la invasión de Irak en 2003 o de Libia en 2011, el objetivo de los años por venir será evitar que esta supremacía desaparezca. Es por esta misma razón que el traspaso de hegemonía de Estados Unidos a China y a otros centros mundiales muy probablemente será violento, aún más violento que el conflicto en Ucrania.

Diario Jornada
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