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EL PARQUE DE FABULINKA 116

UN CIRCO INOLVIDABLE

-¡Niños, mañana traen 3 soles cada uno para ir al circo!

-¡Yehhh…! – Se retiraron gritando eufóricos a sus casas.

Pero, al día siguiente, la realidad nos mostró su fea cara: ¡pocos trajeron sus 3 soles! Minutos después, vimos por las ventanas del salón que otros niños ya se iban en fila india al circo. La tristeza causaba estragos en las miradas de mis niños.

Después de un rato de silencio…, yo anuncié emocionado:

-Niños: ¡vamos a tener circo!

-¿Qué? ¿Cómo, profesor?…

-Sí, ¿cómo?, ¿cómo? – Caritas tiernas interrogándose…

-¡Sí –afirmé yo- tendremos circo y será en nuestro salón! Yo seré uno de los payasos. (Y dirigiéndome a ellos, imitando la voz). Damas, caballeros y niños: ¿quiénes quieren ser payasos conmigo?…

-¡Yo, profesor!…

-¡Yo, profesor!…

Se multiplicaron las voces; escogí a los bromistas y habladores.

-Ahora, ¿quién quieren ser trapecistas?…

-¿Quién quiere ser el mago?…

-¿Quién quiere ser el amaestrador del león?…

-¿Quién quiere ser el león?…

-¿Quién quiere ser Coco, El Perrito Matemático?…

Yo procedí a romper un papel en pedacitos y dije: niños, los que no son artistas, salgan a la calle y van a pagar con este dinero (a cada uno le di un papelito, donde escribí 3 soles). Escogí a dos niñas, para que estén en la boletería (saque una carpeta hacia la parte exterior del salón).

Como soy muy ocurrente, durante quince minutos, los artistas ensayamos actividades múltiples que causarían risa, asombro y sorpresas. Armé un programa rapidito. A los pocos minutos, salí a la puerta y dije:

-Público que está en la calle, señoras y señores, niños, ya pueden pasar al Circo del 1ro A “CEMBITA CORAZÖN”. ¡Pasen, pasen, paguen con un solcito nada más!

Los niños se acercaban, daban su “dinero” e ingresaban. No me acuerdo de todas las actividades que preparamos, qué bromas, qué acciones habremos realizado los payasos, pero algo hicimos. Para el espectáculo de los trapecistas, tracé una raya con tiza en el piso del salón y le di la escoba a un niño para que imite ser un palo que lleva mientras se «tambaleaba a varios metros de altura”. A uno y otro trapecista le daba un empujoncito: “Señoras y señores, hay un viento fuerte, se cae, uy mamita se cae…! El malabarista hacía imitación de que se iba a caer. Miraba hacia abajo… y mostraba miedo de mentira… Los niños se reían con las muecas que hacía el malabarista…

Las actividades circenses, continuaron con el domador. Un niño hacía de domador (con una correa en la mano) y otro niño, de un león que rugía fuerte; y varias niñas “gritaban asustadas”. Después, presenté a Coco, el Perrito Matemático:

-A ver, Coco, párate en dos patitas, date una vuelta, cuanto es 2 más 1… (Ladraba 3 veces) ¿Cuánto es 2 más 2… (Ladraba 4 veces)…

Luego presenté a un cantante (Yo mismo soy, dije) y cogí un lapicero que hacía de micrófono y canté:

Mi limón, mi limonero,

entero me gusta más…

Finalmente, pedí a los niños que se pongan de pie y canté otra canción:

Salta, salta, salta, pequeña langosta,

no te vayas lejos, vuelve hacia la costa…

Unas niñas bailarinas se ubicaron a mi lado. Todo el salón se contagió de la canción y cantamos y saltamos contentos… ¡Fue un circo inolvidable!

 

 

-MAMÁ, ¿PARA QUÉ DEBO LEER?

-¡PARA QUE UN BUEN CIUDADANO PUEDAS SER!

Mis libros se pueden adquirir en Visión Cultural Jr. Asamblea 256.

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