JOSÉ OREGÓN MORALES. De su libro: KUTIMANKO y otros cuentos:
LA RATONA CON SU COMADRE AKAKLLO
Había una Ratona que tenía una comadre Akakllo. Esta, era muy ociosa; caminaba en vano sin reunir los víveres durante los tiempos de cosecha. En cambio la Ratona era trabajadora; para los tiempos lluviosos y para los días de hambruna, aun viviendo y muriendo reunía los frutos de las plantas.
La Akakllo a propósito la buscó para hacerla su comadre con la intención de ayudarle a comer su troje. Y así, le enviaba al Akakllito (hijito) a pedirse comida de su madrina la Ratona. Esta, muy contenta por la visita, le regalaba víveres que separando de su troje le hacía cargar al ahijado.
Por segunda vez le envió. Nuevamente ya por tercera vez lo envía a su hijo la akakllo. El Akakllito a la vieja Akakllo le contesta:
– No voy a regresar, ya me avergüenzo de andar pidiendo.
– ¿Nos moriremos de hambre entonces?- Le resondra la vieja Akakllo- ¡Anda corre y pídete comida diciéndole esto: “ Madrina Ratona, a tus ardientes orejas, a tu cola de soga, a tu nariz torcida ruega mi madre que nos obsequies tu comidita”.
El Akakllito, con su rostro avergonzado y su barriguita de hambre, fue. Cuando ya estuvo entrando a la casa de su madrina perdió la vergüenza, se acercó y volvió a pedir comida repitiendo lo que le enseñó su madre. Su madrina Ratona se enfureció y golpeando con el rabo a su ahijado le dijo:
– ¡Esto es mi rabo de soga! ¡Esta es mi ardiente oreja! ¡Esta es mi nariz puntiaguda!… Ella, haciéndose la sabia con sus insultos te está enviando. Desde hoy para adelante aprenderán a reunirse su comida. Y con un látigo, empezó a pegarle…
El Akakllito llorando, le ruega:
– ¡Ya no me pegues!… ¡Aprenderé madrina! ¡Desde ahora aprenderé!
La madrina Ratona lo soltó y le dijo:
– Apresúrate en retornar a tu casa y a esa ociosa mujer que es mi comadre dile: “En vez de atar con una cintita roja su cuello y ¡ajay, huajay!, diciendo estar saltando en coqueteos de roca en roca. En vez de hacer eso, debería imitarme, como yo en pleno tiempo de cosecha debería estar juntando su comida, aun siendo una mujer con muchos hijos”.
Akakllo: Ave de color oro con cuello rojo.
¿QUÉ ENSEÑA A PASAR LA VIDA?
1 EL PUMA
Dicen que el Puma, cuando sus hijos ya están maltones, los lleva para enseñarles a pasar la vida. Entonces a propósito lleva consigo chanchitos tiernos y cabezas de carneros. Entonces a sus dos hijos los deja en medio de una ladera muy parada. Ella, cargándose las cabezas de carneros y los chanchitos tiernos, sube a las partes más altas y desde allí les avienta con fuerza las cabezas de carneros que ruedan por la pendiente. Los pumitas deben aprender a saltar y atrapar al vuelo estas presas.
Hasta por dos veces les enseña; si en las dos oportunidades alguno de los pumitas no ha podido atrapar, vuelve la madre, lo mata y se lo devora diciendo: “No creo que este hijo mío pueda pasar la vida. Así sufriría demasiado. Mejor es que muera”.
2 EL GAVILAN
Dicen que el Gavilán lleva a su hijo, cuando ya es pichón, desde el nido donde lo empolla hasta un cerro lejano y desde allí le hace ver hormigas.
– ¿Estás viendo las hormigas del frente? ¡Esa hormiga haber tráeme- Diciendo lo manda.
El Gavilancito va, después regresa trayendo una hormiga en su pico, aún mezclada con tierra, le da a su madre.
La Madre Gavilán se alegra y a cazar gallinas ya lo lleva. Llegando al lugar una gallina atrapa. Su hijo, gritando la sigue. La vieja gavilán un poco más arriba se eleva con la gallina entre sus garras. Su hijo vuela abajo. Entonces suelta la gallina hacia su hijo. Si su hijo no puede cogerla en el aire, le pega, lo pisa con sus patas y destrozándolo con su pico se lo come.
A todos sus hijos uno por uno les enseña. Si no le traen la hormiguita, por no tener una buena visión se los come. Pero si también agarran la gallina los quiere a sus gavilancitos y los lleva de aquí para allá, hasta que aprendan a pasar la vida.
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