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EL PARQUE DE FABULINKA 253

Edgard Bendezú | El Parque de Fabulinka
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UN CUENTO MODERNO DE NAVIDAD, de Edgard Bendezú

Jesús, una noche, al ver desde el cielo que la tierra estaba más iluminada que otros años, decidió bajar. Para eso, el iría como niño y convenció a su mamá María, para emprender esta aventura.
-Seguramente todos celebrarán y evocarán mi nombre porque está cerca el día de mi cumpleaños, ¿no es así, mamá?
-Claro, seguro es así, hijo.
Una mañana del 21 de diciembre, caminaban por una ciudad del Perú. Como Jesús tenía alma, corazón y cuerpo de niño, escucho un bullicio detrás de las paredes de un colegio; pero cuando pretendieron entrar, el portero los detuvo:
-¿A dónde van? ¿El niño estudia aquí?
-No- respondió mamá María.
-Se nota que ustedes son pobretones, ¡retírense que están impidiendo la entrada de otras personas!
-Pero él es Jesús.
-Cualquiera se llama Jesús… venir a la fiesta de navidad con sandalias, ¡bah, que ridículos!- expresó el portero.
-Pero…
Quiso explicar mamá María, pero su hijo le impidió, le tomó de las manos y le dijo: “¡Mejor vámonos a otro sitio!”. Cuando se retiraban, leyeron el nombre del colegio y se miraron los rostros sorprendidos: “Institución Educativa La Católica”.
Así caminaban por uno y otro colegio y similares respuestas encontraron y no les permitían la entrada. Al pasar por un parque, vieron que se habían juntado varios mototaxistas y escucharon a quien suponían era el líder:
-Amigos, nos hemos reunido para celebrar la navidad, porque navidad es unión, fraternidad, compañerismo; por eso, vamos a celebrar, con pollo a la brasa y estas treinta cajitas de chelas.
-¡Que viva la navidad!
-¡Que vivaaa!
Jesús y su mamá, otra vez se miraron los rostros sorprendidos.
-¿Así celebran mi cumpleaños?-, preguntó Jesús.
-Pues así parece, pero se olvidan de mencionar tu nombre.
Pronto pasaron por otro colegio y otra vez el bullicio de los niños, les llamó la atención y para suerte, la puerta estaba abierta y entraron. Llegaron al patio y justo recién se iniciaba la fiesta. “Aquí si se acordarán de mi”, pensó Jesús.
Unas señoritas vestidas con diminutas faldas color rojo, tacones altos y con fondo musical de un ritmo moderno, empezaron su espectáculo. Una voz aguda, gritó:
-Niñooos, una bullaaa…
-¡Yeeehhhh…!
Pasaron cuarenta minutos y solo vieron juegos, algunos bailes de reguetón a cada instante y luego:
-Niñooos, una bullaaa…
-¡Yeeehhhh…!

Y nada de mencionarlo de que Jesús era el homenajeado, de que el cumpleañero era él, de que cumplía 2023 años. Escucharon a un señor murmurar:
-Hasta cuando estas dalinas harán simples espectáculos: ni una canción infantil, ni un teatro, ni un juego de palabras, ni un chiste como hacen buenos payasos, ni una acción que provoque que las familias se abracen, nada de peruanidad; todo es imitación de programas de televisión, lo peor es que no cantan ni un villancico. ¡Es el colmo!

Pronto en el ambiente, los niños estallaron en alegría; creyó Jesús en un momento que lo habían reconocido, su rostro se iluminó, se puso feliz, se puso de pie; pero los niños pasaron por su lado no gritando su nombre, sino el de Papa Noel, un viejo gordito, barbudo y bonachón. Él empezó a reírse: “¡Jojojo, jojojo…!”. A él, lo abrazaron emocionados y tuvieron que ir madres de familia a separarlos de aquel personaje que cargando un saco con regalos, alzó su risa más fuerte: “¡Jojojo, jojojo…!”
Jesús y mamá María, otra vez se miraron los rostros sorprendidos y se marcharon tristes y ofuscados de aquel colegio.

Esta vez caminaron por un mercado lleno de gente y escucharon que una pareja discutía, en una esquina:
-Si no compras chancho o pavo para comer, no quiero nada en esta navidad.
-Pero mujer, comprende que la plata no nos alcanza; compremos…
-Ah… y debes guardar plata para comprar un pesebre de porcelana, el que teníamos de madera ya está viejo; y debe ser grande eh, no del tamaño que teníamos; va a visitarnos mi familia y si nos ven con lo mismo, vamos a dar mala impresión.

Jesús y mamá María, otra vez se miraron los rostros sorprendidos y siguieron caminando; pronto llegaron a un supermercado y en las puertas vieron a varios hombres haciendo de Papa Noel, gritando su conocido ¡Jo, jo, jo…! Y decir: “Pasen adelante, señoras y señores, aquí hay regalos importados para su hijos, muñecas que caminan y hablan, muñecas modelos; aquí hay pelotas de todos los colores y pistolas, metralletas y lanza misiles, jo, jo, jo…!

Jesús y mamá María, otra vez se miraron los rostros sorprendidos. “Si yo lo que quiero es que exista amor y paz en el mundo y no violencia, como venden armas a los niños, esto no puede ser”, afirmó Jesús.

Algunas cuadras más allá, alzaron la vista y vieron paneles luminosos con la imagen de Papa Noel, que invitaban a comprar en algunos centros comerciales. Ya algo tristes por ver lo que veían, se sentaron en una vereda de la calle, al lado de un niño que cuidaba una caja de chupetes.

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-¿Dónde está tu mamá, amigo?- preguntó Jesús.
-¡Está vendiendo a los choferes de los carros!
-¿Y tu papá, ¿dónde está?
-El también vende.
-¿Ustedes celebran navidad?
-Claro, pero eso lo hacemos a eso de las primeras horas del 25 en la noche, cuando llega mi papá con mi hermano Edgard, luego de vender cocinitas de juguete en las calles.
-¿Y en tu familia, que comen?- preguntó mamá María.
-Lo que mi mamá prepare, puede ser agua con cocoa o un chocolate con leche y si es que nos va bien en el negocio, mi papá compra en una panadería de mi barrio, un panetón.
-¿Y qué juguetes quieres que te compren?
-Nosotros esperamos que mi papá nos compre lo que puede; pero recuerdo que el año pasado mi tío Juan les regalo dos muñecas a mis hermanas; y mi papá, a mi hermano le regaló un tractor y a mí, un carrito de plástico que transporta agua, de color blanquito bien bonito, que hasta ahora juego con él.

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En eso, llegó su mamá atravesando la calle y le preguntó:
-Edwin, ¿cuantos chupetes quedan en la caja?
-Como diez nomás, mamá.
Sacó los chupetes y se fue a vender nuevamente. De pronto, para sorpresa de ellos, apareció papá José, montado en un burrito, diciendo:
-Hasta que por fin los encontré; me informó esta tortolita que estaban por aquí.
Se despidieron del niño y se subieron al burrito y al transitar, algunas cuadras, el burro lanzó un rebuzno fuerte:
-¡Aaa, eee, iii, ooo, uuuu… estoy llevando a Jesús!, ¡aa, eee, iii, ooo, uuuu… estoy llevando a Jesús!
Y la gente decía al escucharlo:
-¡Que raro burro, se ha vuelto loco!
-¿Por qué permiten que burros estén por la ciudad?
-¡Cállate burro tarugo!
-¡Lleven a su burro fuera de aquí, esta gente malogra la ciudad!
Pero el burrito, contento de llevarlos, seguía anunciando:
–¡Aaa, eee, iii, ooo, uuuu… estoy llevando a Jesús!, ¡aa, eee, iii, ooo, uuuu… estoy llevando a Jesús!
Los perros y gatos salían de casas ya que si entendían lo que anunciaba el burrito y sorprendidos al ver a Jesús y sus padres, entre ellos se pasaban la voz y en lenguaje de perros: “Guau, guau…” Y en lenguaje de gatos: “miauuu…”; y pronto, cada vez en mayor número crecía una masa detrás de ellos. Por información de la tortolita se enteraron que llegaba navidad y pronto, se acercaron diez, luego cien, luego más de mil y bandadas de pajaritos, dejando nidos, se alejaron detrás de ellos.
Los perros y gatos aumentaron al saber que se acercaba la navidad, porque eso significaba explosiones por todo lado. Uno de ellos, dijo:
-Los hombres se vuelven locos esa noche, no se dan cuenta que los cuetes ensucian el medio ambiente y eso es terror para nosotros, ya que enferman los oídos de nuestros hijos y de nosotros mismos.
-Eso mismo pienso- manifestó la tortolita.

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Ya cuando estaban en las afueras de la ciudad, Jesús, mamá María y papá José, se despidieron; y cuando en una nube mágica subían hacia el cielo, alcanzaron a oír un villancico en una casa, que les devolvió la sonrisa, el amor y la esperanza de un mundo mejor entre los hombres:

Los gallos alborotados
no se cansan de cantar:
¡kikirikiki kikirikikì!…

*Escuchar la canción en YouTube, escribiendo Fabulinka tv – Navidad en el corral.
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