Con el triunfo de la ultra derecha en la alcaldía que Lima, los peruanos no podemos esperar más que una mayor polarización en el país y una brecha social cada vez más grande entre las regiones y la capital.
Si el mayor exponente del clasismo y conservadurismo tendrá a su cargo la gestión de Lima metropolitana, no queda duda que vamos a ver una Lima muy cambiada en los próximos años, que no necesariamente sea sinónimo de progreso y desarrollo.
A su vez, esto no hace más que confirmar el divorcio que siempre ha existido entre las regiones y Lima, donde la población de las provincias tiene mayor tendencia a apoyar a los partidos de izquierda que represente un cambio del status quo, mientras que los votantes de la capital, se inclinan por tendencias de derecha que mantengan el statu quo.
Por otra parte, la alternancia del poder entre las distintas fuerzas políticas desde una dialéctica de la contradicción siempre será positivo y representará un reto para la derecha peruano que tendrá la oportunidad de probar sus planes de gobierno con fines a las próximas elecciones generales.
Aun cuando esa claro que lo que aspira López de Aliaga es lograr el gobierno nacional, la Alcaldía de Lima, puede ponerlo unos pasos más cerca de la presidencia o alejarlo definitivamente de ello. El resultado de su gestión es por tanto una prueba de fuego o ensayo perverso.
Sin embargo, sus primeras declaraciones donde habla de una falta de apertura al diálogo con el ejecutivo, no hace sino presagiar que será un gobierno sectario, que se auto aísle y que pretenda hacer de la Municipalidad un feudo de la oposición.
Muchos políticos que la investidura les resulta pequeña, desperdician la oportunidad de probar su valía y se dedican a atacar a los contrincantes como si fuera aun candidatos y se olvidan de gobernar, y para ello es necesario tender puentes con todos los niveles de gobierno e instituciones públicas y privadas.
Pero si en la antesala promovemos un aislacionismo y autosuficiencia de la gestión municipal, sin coordinar con los demás actores políticos, estamos condenando a millones de vecinos a que las obras que depende del presupuesto para lograr la atención de las necesidades de la ciudadanía no lleguen de forma oportuna.
Corresponde entonces preguntarnos para quienes va gobernar López de Aliaga para los conos marginados o para los barrios pitucos de quienes se siente su representante, y que respuesta va a dar al abuso de los peajes que proliferan en toda la capital en tramos injustificados.
Al final el triunfo en los comicios municipales puede significar una maldición para la derecha que evidencie las graves falencias de sus políticas de gobierno y termine confirmado como única alternativa a opciones de extrema izquierda como Antauro Humala.
Los electores son desde luego la causa y efecto de nuestros votos y quienes elegimos a nuestros representantes y quienes sufrimos por esas malas decisiones. Por tanto, cada vez que cuestionemos a una autoridad por su pésima gestión, recordémonos quienes los hemos elegido para dicha posición, quienes tenían el poder originario y como lo malgastamos por dadivas incumplidas o por una mala información, para que cuando retorne a nosotros esa suprema responsabilidad sepamos ejercerlo mejor.



