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“En algún lugar de» | Opinión

Lalo Quiroz | El Partero
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El jueves último, un grupo de entusiastas amigos y amigas (integrantes de la Asociación Cine Arte Tercer Ojo) le harían un merecido reconocimiento al artista ayacuchano Felipe López, en el auditorio del Centro Cultural 28 de julio; el mismo espacio que, los acogería a inicios de los dos miles para proyectar aventureramente cine independiente a un minúsculo grupo de novatos cinéfilos. La noche estaría invadida de remembranzas y recuerdos compartidos por los asistentes, como suele pasar en este tipo de ceremonias; pero, también, ineludiblemente habría un espacio para resaltar la labor multifacética de este conocido personaje del arte y la cultura ayacuchana. Felipe, a quien fue uno de los primeros artistas que conocería a mi llegada a Huamanga –hace quince años atrás—, es uno de los artistas que retrataría en sus pinturas los primeros brotes del conflicto armado interno; logrando captar, casi de manera surrealista, el silencio ondulante y horroroso en sus parajes.

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Sin dudad, este pequeño espacio, resultaría insuficiente para abordar la productiva labor de Felipe; sin embargo, me gustaría resaltar su idoneidad en la gestión educativa, artística y cultural. Y es, precisamente, durante la gestión de Juan Acevedo y su “experiencia revolucionaria” en la formación artística en la ex Escuela Regional de Bellas Artes –hoy Escuela Superior de Formación Artística Pública “Felipe Guamán Poma de Ayala”— de Ayacucho, que ingresaría a dictar algunas asignaturas: entre ellas Historia del Arte y Audio Visión Crítica. Y en 1981, antes de emigrar para Brasil y luego para Francia, se convertiría a sus treinta y cinco años en el Director de dicha institución. En sus tres escasos años en el cargo, y con bajísimo presupuesto, lograría gestionar becas para estudiantes en el Brasil y establecería distintos convenios interinstitucionales en el campo del arte; asimismo, promovería la participación de la institución en reuniones multisectoriales, colocando así a dicha escuela de formación artística en un lugar relevante en la región. Siendo, además, uno de sus mayores logros: el primer Encuentro Regional de Escuelas Regionales de Bellas Artes; el cual, reuniría a once escuelas de todo el país, a fin de abordar las políticas educativas de las mismas.

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En 1984, se instalaría en Paris, y continuaría con su quehacer artístico y cultural; pero, no se olvidaría de su Guamanga. A mediados de los noventas lograría, a través de la UNESCO, un financiamiento de veinte mil dólares; con el cual, se realizaría el segundo Encuentro Regional de Escuelas Regionales de Bellas Artes. A su regreso, en el 2004, no sólo persistiría en su labor de activador cultural –fundaría la Asociación de Artistas Plásticos de Ayacucho, la Asociación Cine Arte Tercer Ojo, el Centro Cultura Ñawi Tenería—; sino, seguiría contribuyendo en la formación artística de la ESFAP “Felipe Guamán Poma de Ayala”: brindaría charlas, donaría libros para la biblioteca y conseguiría estímulos económicos para los estudiantes. Es inevitable, tras evidenciar la indudable capacidad de gestión de Felipe López y su estrecha relación con dicha institución, no voltear la mirada hacia la misma. Y, por supuesto, no dejar de hacer la comparación y observar la patética realidad hoy en día: mendigando –y hasta llorando— para convencer a un par de congresistas para que les maquillen su incompetencia y mediocridad.

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Así es, desafortunadamente, cuando los que dirigen no entienden nada de arte –y menos de gestión, pero, sí de clientelismo— y sólo esperan el maná del cielo, mientras lucran con la educación desde la comodidad de sus butacas.

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