Los resultados se supieron al día siguiente con el sistema del conteo rápido. Quienes hemos visto las elecciones en el Perú en los procesos anteriores, recordamos como los que perdían eran los primeros en reconocer el triunfo del otro candidato y felicitarlo.
Todo eso acabó en las elecciones del 2016. En esa oportunidad, la candidata Keiko Fujimori no reconoció el triunfo de Pedro Pablo Kuczynski, al extremo que tuvo que intervenir la iglesia para que la hija del dictador acepte que había perdido las elecciones.
De nada valió la intervención de la iglesia, porque pese a reconocer su derrota, la candidata del fujimorismo se dedicó a demoler el gobierno de Kuczynski, hasta conseguir la vacancia. No le importó que la economía peruana no creció en esos años como se esperaba y menos le interesó la gobernabilidad del país. Su odio al Perú, porque no la eligió, fue superior a cualquier otro sentimiento.
Hoy vuelve con sus majaderías y cuenta con una comparsa que le hace el juego. Allí los tenemos: Alfredo Barnechea, Mario Vargas Llosa, su hijo Álvaro Vargas Llosa, Lourdes Flores Nano, quienes sin ninguna prueba siguen insistiendo en un fraude electoral que no ha existido.
Alguien tiene que poner fin a esta campaña que busca confundir a los peruanos. Es bueno recordarles a estas personas, que se sienten cercanas al Papa Juan Pablo II, que “la libertad no consiste en hacer lo que nos gusta, sino en tener el derecho a hacer lo que debemos”. Y si hablan de fraude, lo primero que tienen que hacer, es presentar a las personas que lo acrediten.
Señalan, por ejemplo, que hay personas que han sido suplantadas en las mesas de sufragio. La señora Keiko Fujimori o su abogada Lourdes Flores Nano deben presentar por lo menos a una persona que diga: “Yo no firme esa acta, a mí me suplantaron”.
Ha ocurrido lo contrario. Las personas a las que supuestamente suplantaron, se han presentado y han señalado que esas son sus firmas. Es más, algunas ya están iniciando procesos penales por difamación a la señora Lourdes Flores Nano, porque ha dicho que una misma persona ha firmado en simultáneo actas ubicadas en Puno, Huancavelica, Cuzco, Junín, Apurímac y Pasco.
No olvidemos que en el Perú existe el delito de apología. Ensalzar un delito –como llamar a desconocer los resultados del proceso electoral- y provocar una grave perturbación y sobrevalorar comportamientos que son indeseables, como pedir a las fuerzas armadas que interrumpan la democracia, debe ser tomado en serio por el Ministerio Público.
¡Basta ya! La señora Fujimori y esa corte de la ultraderecha peruana deben dejar de desestabilizar el país.



