Ciudad caótica

Si un turista, viene por vía aérea, encontrará que la única vía de acceso a la ciudad, La Av. del Ejército, está clausurada.

Si viene por la vía Los Libertadores, encontrará que la Av. Independencia, está igualmente clausurada.

Si viene por la carretera hacia Andahuaylas, encontrará que la Av. Mariscal Castilla y/o Cusco, es prácticamente intransitable.

Si viene por la carretera central, por Huanta, tendrá que esperar más de media hora para llegar al Ovalo de la Magdalena, para ser desviado por callejuelas estrechas y llenas de obstáculos, hacia el Norte o Sur, con destino incierto.

Este hipotético turista, instalado en algún hotel del centro, verá que el problema no es sólo el acceso a la ciudad, sino que prácticamente toda la ciudad, ha sido tomada por asalto por buses, tráileres, volquetes, combis, taxis, mototaxis y motocicletas lineales, que como si estuvieran guiados por algún designio diabólico, corren en diferentes direcciones, se suben a las veredas, rompen los arboles ornamentales, atropellan a las personas, haciendo sonar sus bocinas, como si ello les permitiera literalmente, todo.

Las estrechas calles de la ciudad y que en su mayoría provienen de la Huamanga colonial, donde no había vehículos a motor, han sido partidas en dos para un fantasioso proyecto de tránsito masivo de bicicletas o se han convertido en cocheras o depósitos de automóviles y motocicletas de toda índole, que permanecen aparcadas prácticamente todo el día.

Las primeras cuadras de salida de la Plaza de Armas, están clausuradas para el tránsito vehicular y en el resto de calles existen a toda hora, grandes congestionamientos de vehículos de transporte público y particular (Av. Mariscal Castilla, Jirones Libertad, Manco Capac, San Martin, Dos de Mayo, Chorro, Itana, etc.)

En medio de este caos, el peatón es literalmente la “última rueda del coche”, tiene que caminar aterrorizado y a la defensiva, por veredas estrechas y destruidas, cruzar las esquinas corriendo despavorido y convertir su diario caminar en una verdadera odisea.

¿Qué nos ha pasado para llegar a este deplorable estado de cosas?

¿Hemos perdido la noción del buen vivir? ¿No sabemos vivir en ciudad? ¿O creemos que las calles son tierra de nadie?; es decir, que no son nuestras?

Algo de eso debe haber; sin embargo, debemos recordar que tenemos Autoridades, a las que elegido para que se encarguen de que eso no sea así; Autoridades que han hecho campañas estruendosas y que se han hecho elegir, aduciendo que conocían esa problemática y que sabían cómo resolver el caos al que nos referimos.

La Ley General de Municipalidades (Ley 27972) en el Art. IV de su Título Preliminar dice “Los gobiernos locales representan al vecindario, promueven la adecuada prestación de servicios públicos locales y el desarrollo integral, sostenible y armónico de su suscripción”.

De acuerdo al Art. 81 de la referida ley, las municipalidades en materia de tránsito, vialidad y transporte público, ejercen una serie de funciones tales como normar, regular y planificar el tránsito urbano de peatones y vehículos, otorgar licencias de rutas, promover la construcción de terminales terrestres, supervisar el servicio de transporte urbano, controlar con el apoyo de la Policía, el cumplimiento de las normas de tránsito, etc.

Este marco normativo nos permite concluir, que el estado caótico de la ciudad al que nos referimos, es responsabilidad de la Municipalidad Provincial de Huamanga y de las municipalidades distritales metropolitanas.

Si los Alcaldes y demás funcionarios de dichas municipalidades, no han cumplido ni cumplen sus obligaciones o han abdicado de ellas, es que no conocen sus funciones o lo que es peor, no saben ejercerlas con idoneidad y eficacia.

Frente a este estado de cosas, hablar de turismo, de uso adecuado y creativo de los espacios públicos, de fomento de la cultura y la artesanía y hasta de vías de evitamiento, anillos viales y otros, es sinceramente pedir “PERAS AL OLMO”. Se imponen cambios urgentes

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