Este paso fugaz por la política le ha pasado una alta factura. Su libertad y su prestigio de profesor rural y dirigente del magisterio, en un sindicato paralelo al SUTEP, liderando una huelga nacional acatada por una minoría del magisterio, pero lo puso en la escena política. Ahí lo conoció a Vladimir Cerrón, hijo de Jaime Cerrón Palomino, asesinado por el grupo Colina.
Desde su retorno de Cuba, donde estudio medicina, Cerrón estuvo interesado por la política, siendo elegido en dos oportunidades, aunque en el segundo periodo no pudo gobernar porque fue denunciado de varios delitos, sin que exista una sentencia definitiva.
La idea cuando conformaron la lista, era que Cerrón gobierne el país, pero una tacha por tener un proceso abierto en su contra, hizo que el jurado nacional de elecciones lo saque de carrera, algo que no ocurrió con Keiko Fujimori y Ollanta Humala que si participaron como candidatos, cuando sobre ellos pesaba también procesos de investigación sobre dineros recibido de la empresa Odebrecht.
La caída de Castillo, hay que entenderla desde varios ángulos, siendo los más visibles la discriminación étnica y clasista. Por eso, desde que salió en el primer lugar en las elecciones de la primera vuelta. lo más a la mano que tuvieron los colectivos de la derecha, como el grupo neonazi La Resistencia”, fue atacarlo de comunista en las redes sociales y sumarse a las marchas contra el “supuesto fraude electoral”.
Como es de público conocimiento, fue Keiko Fujimori, la hija del ex presidente Alberto Fujimori, que nunca se solidarizó con su madre Susana Higuchi, la que desconoció los resultados de las elecciones y calificó de fraude electoral la victoria de Castillo. Desde ese momento hay que comenzar a contar cuantos días vivió Castillo, esperando ser vacado por una derecha bruta y achorada, que está en el congreso.
La lección de Castillo es también responsabilidad de la izquierda peruana, que luego de la esperanzadora Izquierda Unida, convertida en la principal fuerza de oposición al gobierno de Alan García. Al término de La década de los 80 las capillas políticas de la izquierda unida se separaron y nunca más la izquierda tuvo un presidente o candidato propio.
Si hay luz al final del túnel. Hay que organizarnos los peruanos en verdaderos partidos, herederos de grandes pensadores peruanos como Víctor Andrés Belaunde, Víctor Raúl Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui, que nunca buscaron prebendas y entregaron sus vidas para la construcción de una Perú, como decía Basadre, más grande que sus problemas.



